Recuerden lo de Karol Wojtyla, cuando aún vivía en Polonia, una señora se le acercó para decir que la Iglesia debería apoyar al novelista católico que empezaba a despuntar. Cualquier prelado progre habría optado por el fuero: no, la Iglesia no está para promocionar literatos, ni empresarios, ni políticos, sin caer en la cuenta que con esta inacción posibilita y hasta promociona todo lo anticatólico. No, el obispo de Cracovia fue directamente al huevo: no es un novelista católico, es un católico que escribe novelas.

Prudente distinción. 

Dos de mayo, Día de la Comunidad de Madrid. Y he dicho muchas veces que Isabel Díaz Ayuso me cae simpática, porque siempre me han caído simpáticos aquellos que son objeto de persecución obsesiva. El Sanchismo, y el conjunto de la izquierda, tiene verdadera obsesión anti-Ayuso, una fijación que tiene algo de paranoia. 

Ahora bien, de ahí a decir que Ayuso es una política católica... hombre... mire, no. A pesar de su espléndido discurso, por ejemplo en Navidad, no le veo una gran defensora de los principios no negociables de Benedicto XVI, por ejemplo, no sólo aprueba sino que ni pone la menor pega en financiar el aborto, ni hace una defensa de la familia natural.

No es lo mismo un novelista católico que un católico que escribe novelas

Entonces, ¿a los católicos sólo nos queda Vox? Pues como ya he dicho, también lo pongo en solfa: yo he votado a Vox en las últimas elecciones pero si su alma azul se impone -y se está imponiendo- al alma cristiana de Vox, como católico tendré que volver a votar en blanco. Lo que cual no me hace ninguna gracia y más con el profanador Sánchez en Moncloa, pero al católico hay que exigirle coherencia. 

La actitud de Santiago Abascal sobre el dehecho a la vida es, y siempre ha sido, tibia. Ahí tiene una posibilidad de cambiar: diga usted, don Santiago, que derogará las leyes abortistas y que impondrá el principio, natural, sensato, lógico, inalienable... de que la vida comienza en la concepción y termina con la muerte natural... y le votaré mañana mismo, sin dudar. 

Dicho sea, en el Día de la Comunidad de Madrid de 2026.