Son palabras de Benedicto XVI, en Fátima y no se me ocurre ninguna otra descripción mejor del mundo contemporáneo. Incluso diría que las corrientes son dos: en el siglo XX llegó la muerte de la maternidad, en forma de píldora abortiva -sí, todos los anticonceptivos que se venden en las farmacias hoy son potencialmente abortivos- y de una caída en picado, no ya de la natalidad, sino de la carencia de vitalidad del languidecido Occidente cristiano, y ya en el siglo XXI, la tercera guerra mundial por trocitos, que diría el Papa Francisco, la guerra entre adultos que sigue a la guerra contra el ser humano más inocente y más indefenso, la del concebido y no nacido.
Vivimos en un ambiente enrarecido de cristianofobia sangrante, en la que se respira un verdadero odio al bien, a la verdad y a la belleza... un verdadero odio a Cristo
De la muerte de los pequeños, de los no nacidos, hemos pasado a la muerte de los adultos, esta vez en mitad de una cristianofobia y cristofobia sangrantes, en las que se respira un verdadero odio al bien, a la verdad y a la belleza... un verdadero odio a Cristo.
Palabras de Benedicto XVI, recogidas en otro libro imprescindible de Manuel de Santiago, párroco de Goyán (Pontevedra), titulado Sor Lucía y la devoción de los primeros cinco sábados de mes, del que hablaré cuando lo concluya.
El mismo libro donde, páginas atrás se recogen otras palabras imprescindibles, esta vez de San Juan Pablo II en la consagración del mundo a la Virgen de Fátima: "De la guerra nuclear, de una autodestrucción incalculable, líbranos".
"De la guerra nuclear, de una autodestrucción incalculable, líbranos Señor
Al parecer, Karol Wotyla no contemplaba la destrucción -autodestrucción- global como una quimera morbosa sino como una sospecha lógica. Es la corriente de muerte y de terror que el hombre ha iniciado y que ahora no sabe detener.