"Don Emilio Botín no concibe que Paulita, a sus 80 años de edad, se retire. Porque don Emilio puede prescindir de sus secretarias, pero no de su telefonista. Paulita lleva tantos años con él que nunca logró manejar con soltura una centralita digital, porque lo suyo eran las centralitas de las viejas clavijas. Como Paulita no podía prescindir de las clavijas, y don Emilio no podía prescindir de Paulita, decidieron hacerle una centralita digital pero con clavijas, que no deja de ser una originalidad tecnológica que no se ha inscrito en el Guinness porque el mundo es injusto", escribimos en Hispanidad hace 20 años. Dos décadas después, la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, anuncia, tristemente, la muerte de Paulita.
Sin duda, nadie mejor que la hija de Emilio Botín para contar quién era Paulita, la 'puerta' para poder hablar con nada más y nada menos que tres generaciones de los Botín: Emilio Botín López, Emilio Botín Ríos y Ana Botín O'Shea.
"Se jubiló después de trabajar 60 años en el banco, en época de mi abuelo, de mi padre y también conmigo", con esta frase comienza Ana Patricia su obituario a Paulita.
"Cuando se fue, le pedí que me escribiese las historias que recordaba sobre ellos. Siempre nos invitaba a un café -buenísimo- y a magdalenas, almendras o chorizo. Se resistió hasta el final a cambiar su centralita con clavijas por una más moderna. Hace pocos años se retiró a un monasterio en Teruel con Fernando, su hermano cura".
Ha muerto Paulita, "toda una institución en el Santander", no hay otro resumen.