Dos inmigrantes, uno de ellos menor de edad, han sido detenidos en Gijón tras un violento robo cometido el pasado fin de semana en pleno centro de la ciudad. En la plazuela de San Miguel durante la madrugada del domingo, ambos abordaron a un hombre de unos treinta años para sustraerle el teléfono móvil, una tarjeta bancaria y el dinero que llevaba, unos 15 euros. Una vez en el suelo, los agresores continuaron propinándole patadas por distintas partes del cuerpo, incluso cuando ya no podía defenderse.

Como consecuencia del ataque, el perjudicado sufrió lesiones en un hombro y en un ojo, además de contusiones en el rostro y el torso, por lo que tuvo que recibir asistencia sanitaria. Tras reducirlo, los autores aprovecharon para registrarle y apoderarse de sus efectos personales antes de huir del lugar.

Tal y como ha adelantado La Nueva España, -y recoge La Gaceta- el mayor de los arrestados, de nacionalidad argelina y nacido en 2007, había llegado a España apenas cuarenta días antes. Tras pasar a disposición judicial, el juez decretó su ingreso en prisión provisional a petición de la Fiscalía, al considerar determinante su falta de arraigo y la ausencia de vínculos familiares en el país. El segundo implicado, de origen marroquí y menor de edad, había abandonado un centro de menores del Principado de Asturias, por lo que su situación fue comunicada a la Fiscalía de Menores para la adopción de las medidas oportunas.

La rápida intervención de la Policía Nacional permitió identificar a los presuntos responsables y proceder a su detención en un corto espacio de tiempo. 

Y, sin movernos de Gijón, conocemos que tras salir de los calabozos de los juzgados de la ciudad asturiana, un inmigrante argelino, robó en un coche aparcado justo delante.

Según la versión policial, tras ser puesto en libertad, sustrajo objetos de un vehículo aparcado a escasa distancia del edificio judicial.

El joven acumula numerosos antecedentes tanto en el ámbito policial como judicial. Tras cada arresto, es puesto a disposición del juzgado de guardia y, al tratarse de delitos de menor gravedad, queda en libertad a la espera de la evolución de los procedimientos abiertos en su contra. Sin embargo, apenas unos días después vuelve a ser detenido por hechos similares.

Los agentes describen la situación como un «bucle constante» que dificulta la labor policial. En este sentido, advierten del problema que supone la multirreincidencia, ya que algunos delincuentes perciben que no afrontarán consecuencias inmediatas pese a ser arrestados repetidamente. Según estas fuentes, esta sensación de impunidad favorece la continuidad de la actividad delictiva.