24 de octubre de 2025, se estrena 'Los Domingos' de la directora y guionista vasca Alauda Ruiz de Azúa. Ainara (Blanca Soroa), una joven de 17 años que es la protagonista, se decanta por ser monja de clausura en lugar de estudiar una carrera universitaria. Cómo lo viven ella y su entorno es la base por la que discurre la trama de la película.
La polémica no tardó en desatarse, no es lo más común ver una película sobre fe católica. Pero curiosamente la 'locura' se desató hacia un lado y hacia otro, críticos y seguidores, y lo más curioso: los católicos estaban entre los segundos. En pocos días el titular estaba listo, 'Los Domingos', junto al nuevo álbum de Rosalía, eran signo del despertar espiritual de los jóvenes. Ser católico estaba de moda... o al menos eso se decía.
El caso es que llegan los Premios Forqué, y 'Los Domingos' gana Mejor Largometraje de Ficción, a la vez que se desmonta 'el fraude' de 'Los Domingos'. Ruiz de Azúa aseguró que invita a los espectadores a sacar "sus propias reflexionas y a pensar por sí mismos o reflexionar con otros". Ese "respeto", argumentaba, era una manera de "honrar el pensamiento crítico y defender la autonomía del espectador frente a dogmas o adoctrinamientos". "'Los Domingos' es una película que explora cómo el adoctrinamiento religioso puede distorsionar tu percepción o tus sentimientos": "Eso solo puede hacernos más humanos y menos obedientes".
La directora hacía méritos para ganar El Goya y le ha salido bien: cinco cabezones directos a su estantería, y la polémica vuelve a saltar. Incluso entre la directora y las actrices se habla del proceso de creación y preparación de los personajes, de cómo compartieron entre ellas documentación sobre cómo se lleva a cabo la captación de jóvenes en las sectas: “Vi muchos documentales sobre mujeres intentando salir”.
Las productoras de la película, que acompañaron a Alauda en el encuentro con los medios posterior a la gala, reconocieron que había sido un proyecto complejo de vender, que intentaron evitar que la palabra “monja” apareciera en la propia sinopsis: “Lo acometimos con mucho respeto, durante meses evitamos la palabra monja, pero, ¿cómo puedes contar esta historia sin decir que es sobre una niña que se quiere meterse a monja? Fue así hasta que nos decidimos a abrazarlo y comunicarlo porque creíamos firmemente en ello”. Vamos, que sí, hubo respeto, pero hacia los no creyentes, para que no se ofendieran ante una peli que podía pasar por religiosa... ¿comprenden?
La que escribe fue a ver el largometraje y lo que vi fue a una joven que aún no había aprendido a vivir con la muerte de su madre, sobrepasada de responsabilidades, completamente fuera de la nueva vida de su padre, que a lo único que se agarraba era a su abuela, que termina falleciendo, a un padre tacaño que sólo se preocupa de sus deudas y de que la decisión de su hija de ser monja no le cueste dinero. Vamos, en definitiva, vi a una chica empujada a ser monja. No vi el respeto del que la directora hace gala, pero claro, hasta los obispos le dieron un premio, quién es una para contradecir a toda una Diócesis.
Sí, Ruiz de Azúa habló de respeto y rigor y engañó a muchos, pero igual los católicos estábamos deseando que nos engañaran. Estábamos dispuestos, nunca mejor dicho, a creer, a pensar que, entre tanta blasfemia, nos trataban con respeto, que entre tanta persecución, nos habíamos convertido en tendencia.
Pero resulta que la fe no es una moda, por mucho que nos empeñemos. Y esto tampoco es cosa mía, sino Joseph Ratzinger, 'la Iglesia de pocos'.