Reconozco que no me gustó el título ni la apariencia del libro: Espiritualizarse, con fondo negro. Suena a bruja disfrazada de ángel de luz. Pero resultó que me lo regalaron dedicado y que uno de sus dos autores era un viejo reconocido, que no conocido, y por razones que no vienen al caso tenía la mejor opinión de él.
Hablo de un jurista valiente -no, no es una reiteración- llamado Rafael Domingo Oslé. Y entonces pensé, con cierta condescendencia: el mejor favor que puedes hacerle a un autor es leerle.
Una vez más fallé en mis sospechas y me rendí: estos tíos saben de lo que hablan y, encima, lo mejor, sin duda, tienen vocación de periodista: no hablan de espiritualidad sino de la casi nula espiritualidad del hombre del siglo XXI. Y eso, claro, tiene mucho más morbo.
El libro es denso pero se lee de un tirón y mira que ambos autores apuran las heces del cáliz, o de los argumentos, si lo prefieren.
Intentemos resumir su tesis: nuestra sociedad ha arrinconado a Dios. Yo añadiría: el hombre de hoy vive como si Dios no existiera. No le niega ni le combate, simplemente le ignora.
De entrada, mucho me temo que en el siglo XXI el hombre atontado del XX ha dado un paso más, lo que en Hispanidad hemos llamado la Blasfemia contra el Espíritu Santo. Si el hombre del siglo XX ignoraba a Dios, el del XXI empieza a odiarle, trocando el bien en mal y el mal en bien, la mentira en la verdad y la verdad en la mentira.
Pero Domingo y Fraile se centra en la primera etapa. Oiga, y ya es bastante. Lo que muchas voces católicas han calificado como materialismo práctico.
El desarrollo y el desmenuce de todas las consecuencias de esta tendencia son desarrolladas por los dos ensayistas con algo más que claridad: con brillantez. Por la claridad entendemos las cosas, por la brillantez expositiva conocemos las consecuencias: eso es ‘espiritualizarse’.
El resumen del libro, un resumen tan menudo como lo anterior, puede quedarse corto, el resumen de la conclusión de las consecuencias, resulta aun más complejo. Intentémoslo: la abolición de Dios implica la abolición del hombre y el contra-Dios permanente implica la aniquilación de la humanidad.
Vamos, que este libro podría haberse titulado La Abolición del hombre pero ya lo había patentado Clive Lewis.
Enhorabuena a los autores. Espiritualizarse es un ensayo de actualidad: vive como si Dios no existiera y acabarás por no existir tú.