Despierto y España ya está opinada de antemano, con un café a las espaldas en la barra del bar, emprendemos el día dispuestos más al juicio que al trabajo. La actualidad no es un río: es una tertulia. Y en esa tertulia aparece Vito Quiles, que dice ser un periodista malo con retrovisor, y por eso molesta. Unos le llaman valiente, otros agitador, pero en la barra del bar el adjetivo siempre depende del destinatario del micrófono.
Y todo por arrimar el miembro del micrófono a Begoña Gómez que vuelve a la plaza pública como esas actrices que no necesitan papel porque ya son argumento. La prensa la disecciona con bisturí de sobremesa: si habla, sospechosa; si calla, también. Aquí la señora del poder, con biografía, sauna y cátedra, tiene sospecha editorial, todo un caleidoscopio de recortes de prensa. Ni al más nefasto enemigo le deseo tantos recortes.
Y entonces irrumpe Víctor de Aldama —que suena a personaje de Galdós con móvil— y suelta la palabra mágica: financiación ilegal del PSOE. En España no hay bombas, hay palabras que explotan en horario de máxima audiencia. Nadie sabe si son verdad, mentira o género literario, pero ya tenemos titulares, porque al PP de la oposición, sigue repostando gasoil en la estación de servicio low cost. Feijóo no grita nunca, hace gárgaras y por eso sus respuestas nunca llegan en nuestro huso horario. Para eso están otras damas de partido más hábiles en desenfundar.
Aldama denuncia más trapicheos del PSOE. La indignación se apodera de la sala con notarios. Los de Sánchez cierran la escotilla y siguen hablando de bulos, mientras por señas dicen que seguirán ocho años más. Y el ciudadano, que es ese figurante que paga el decorado a ambos lados de la barra del bar, asiste a la función con resignación de abonado de Netflix.
Pero la geopolítica, que siempre llega de madrugada y mal, decide poner su guinda: los Emiratos Arabes se desmarcan de la OPEP. Mientras aquí discutimos sobre micrófonos y sospechas, el petróleo encarecido no nos quita el humor y los cafelitos en el bar. Porque cuando el petróleo estornuda, España se endeuda, pero con el lujo de renunciar a prospecciones, yacimientos, fracking y el gas ruso. Del “que inventen otros” a que “importemos nosotros”.
Y, sin embargo, la vida sigue. La corrupción también, pero nos indigna solo un poquito. La gente compra pan, paga impuestos y comenta la actualidad donde lo importante no es ganar, sino tener razón en el bar.
Con todo, sólo observo una constante: la facilidad con la que convertimos lo grave en costumbre. Y la costumbre de los Pujol, las parejas de Pardo de Vera y el manotazo de Andrada tras la expulsión, acaban por anestesiar los escándalos a diario.
Mañana habrá otra noticia, otro nombre propio, otra indignación reciclable. Andalucía, en campaña, nos dará una alegría. España no descansa: lleva velo, para tapar las miradas y la ira. Nos importa hasta el punto de importarla. Porque aquí la verdad no se demuestra: se discute. Y la mentira, si viene bien vestida, hasta se aplaude.