Recuerden cuando Ursula Von der Leyen, presidente de la Comisión Europea, aseguró que se cerraba la era abierta con el fin de la II Guerra Mundial y la Conferencia de Yalta y que debía nacer un nuevo orden mundial. Algo muy parecido a lo que Donald Trump ha dicho desde su reestreno en la Casa Blanca. Toda la progresía europea se le echó encima a Ursula y esta, en lugar de ser valiente, fue cobarde y se echó atrás. Porque la que tenía razón era ella.
Más: el mundo se encuentra ahora más cerca de una guerra global, y hasta de una guerra nuclear, de lo que estaba hace un año. Me explico: el problema no es que Trump haya iniciado la guerra de Irán, el problema es que no la ha ganado. De esta forma, China, Irán, Venezuela, Cuba y todo el aparato islámico, que odia a Occidente, están crecidos y se han levantado en armas contra Occidente.
De este modo, el viejo comunismo y el capitalismo cristófobo, los dos elementos que han creado el Nuevo Orden Mundial (NOM) se llenan la boca con el derecho internacional. O sea, lo que crearon los españoles de Francisco de Vitoria, en el siglo XVI... y nada tiene que ver con lo que mismamente, un Pedro Sánchez se refiera cuando habla de derecho internacional. Para el NOM, derecho internacional no es más que burocracia onegera de Naciones Unidas que decide qué guerras le gustan y cuáles no.
Y sobre todo, derecho internacional consiste en que ningún país puede atacar a otro aunque ese otro esté regido por un tirano que aterroriza a su población.
Eso es lo que ha roto Trump. Si no fuera por él, la tiranía chavista venezolana seguiría matando venezolanos porque el derecho internacional asegura que no se puede atentar contra la soberanía de nadie. Y naturalmente, la tiranía iraní de los ayatolás, seguiría machacando a los iraníes.
En serio, la era del derecho internacional entendido como soberanía inviolable debe morir, porque la globalización lo hace imposible, y debe ser modificado por la injerencia humanitaria, un nuevo concepto que pusiera sobre la mesa Karol Wojtyla y que quiere decir que si un tirano violenta a su población la comunidad internacional en su conjunto o en un solo país puede, y debe, intervenir militarmente, violentando la soberanía de los tiranos. Porque aún más importantes que los países son la personas.
Ahora debe comenzar la era de la injerencia humanitaria. Y todo ello supuesto y no admitido que nos quede tiempo.