Dios no tiene principio ni fin. Nosotros tenemos principio pero no fin. Y no por nuestra mitad espiritual, pues los ángeles, todo espíritu, también tienen principio, son seres creados.
No, los ángeles, los buenos y los malos, son espíritus, los hombres son espíritu y materia, pero ambos son creados, los buenos y los malos.
Dios, ángeles, hombres: todos eternos, porque no pueden ser otra cosa, porque, ¿a ver quién es el guapo que mata a un espíritu?
Todo esto es de una lógica primaria, pero ese es el problema de la modernidad: que nos ha hecho perder hasta la lógica primaria, la más prosaica, de tal forma que hasta el sentido común nos resulta extraño.