Corpus Christi. Día dedicado, aunque hay otros como el Jueves Santo, a la Eucaristía.
La Iglesia ha querido recordar, con más ganas, el misterio eucarístico, el gran regalo de Dios a la humanidad.
Historia reciente. Juan Pablo II (hoy santo): "La Iglesia vive de la Eucaristía", en su encíclica del 17 de abril de 2003 (Jueves Santo de ese año) Ecclesia de Eucharistia.
Tres años después, en su discurso ante en unas jornadas sobre Europa del Partido Popular Europeo (sí, del PP europeo al que pertenece Alberto Núñez Feijóo), Benedicto XVI concretó en tres principios la coherencia del católico en política, coherencia que afecta tanto a elegidos como a electores: derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural; familia natural, compuesta por un hombre y una mujer y abiertos a la concepción; y derecho de los padres a educar cristianamente a sus hijos.
Cuatro años más tarde, en 2007, llegaría, también del mismo pontífice, la Exhortación apostólica postsonodal Sacramentum Caritatis, donde Benedicto XVI ampliaría a cuatro los principios no negociables para el cristiano en política: al derecho a la vida, la familia natural y la libertad de enseñanza, añadiría el bien común.
Proceso culminado por el Papa Francisco, que señaló: "La Eucaristía hace la Iglesia... y no se edifica ninguna comunidad cristiana si esta no tiene su raíz y centro en la celebración de la sagrada Eucaristía".
Dicho esto, llegados a este momento histórico, verdaderamente dramático... ¿y si acudir a la Eucaristía diaria se hubiera convertido en la única tabla de salvación?
Lo cierto es que, si un católico pretende cambiar de vida, lo mejor que puede hacer es vivir la Santa Misa todos los días. Para ser más exactos que su vida gire alrededor de la Eucaristía.
No es mal propósito.