El Ayuntamiento de Barcelona utilizará cámaras de seguridad para perseguir a los vecinos que tiran la basura donde no toca en el distrito en Ciutat Vella. Las multas pueden alcanzar los 600 euros.
La campaña, que además prevé desplegar informadores y repartir folletos, forma parte del Plan Endreça y también quiere poner fin a las pintadas y otras conductas incívicas. El concepto de conductas incívicas según el Ayuntamiento del socialista Collboni es, cuando menos curioso. Sino, recordemos cómo multa a las patrullas ciudadanas que se movilizan para evitar el robo de carteras en el metro, porque son "acciones que pueden molestar al pasaje"... y eso que, en este caso, el alcalde no tiene que implicar a las fuerzas de seguridad, porque son los ciudadanos que, hartos de la situación, ejercen de agentes de seguridad para evitar que se produzcan estos delitos. Pero debe de ser que robar en el metro no es incívico... sólo es un delito.
Volviendo al asunto de la basura, explica Albert Batlle, concejal del distrito, las calles siguen sucias pese al esfuerzo de los servicios de limpieza.
"Es un volumen exagerado de incivismo continuo que no queremos permitirlo en las calles de Ciutat Vella. Ahora lo empezaremos a hacer más visible para que aquellos que lo hacen incorrectamente tomen conciencia y, si continúan con el incumplimiento, reciban sanciones".
Por el momento, los trabajadores municipales marcarán con pegatinas la basura que encuentren fuera de lugar o del horario establecido. Después se pasará a sancionar a los infractores con multas de hasta 600 euros con la ayuda de la Guardia Urbana -que ejercerá como policía de la basura, una figura que existe en Bélgica, dedicada a inspeccionar las bolsas para ver si el contenido se corresponde con la ley e identificar por los restos a quien comete errores y poner las correspondientes multas- y, en su caso, de las cámaras de seguridad instaladas en la ciudad.
La actuación se dirige a toda la ciudadanía , pero especialmente a los residentes, a las personas que estén en viviendas de uso turístico o de alquiler temporal y al comercio y la restauración de las calles del Gòtic, el Raval y el Casc Antic. Además, también se quiere interpelar a aquellos que hagan obras, vacíen pisos o remuevan la basura.
Por cierto, las normas sobre dónde depositar cada tipo de residuo son tan complejas, en toda España, que resultan muy difícil de cumplir, por muy buena intención que tenga el ciudadano. La ecología es así: imposible.