El cardenal africano monseñor Robert Sarah, antiguo responsable de la oficina de la Iglesia para la liturgia y los sacramentos, intervino recientemente en una conferencia celebrada en el Parlamento Europeo, organizada por miembros del Grupo de Conservadores y Reformistas Europeos y copatrocinada por organizaciones europeas provida y a favor de la familia.
Pues bien: según recoge C-Fam, Mons. Sarah no dejó títere con cabeza: “En la relación entre la Unión Europea y África, hoy en día las palabras no se utilizan para revelar la realidad, sino para ocultarla e incluso para distorsionarla”. “Las palabras, para un cristiano, nunca son meros instrumentos, sino que participan de la verdad que comunican”. “¿Cómo puede África confiar en una Europa que habla con palabras equívocas y de doble sentido?”, preguntó el cardenal.
“¿Cómo puede África confiar en una Europa que habla con palabras equívocas y de doble sentido?”, preguntó el cardenal
Y se puso a dar ejemplos: entre los términos ambiguos que citó figuran “género”, “salud sexual y reproductiva” e incluso “derechos humanos”, que la UE utiliza para imponer “categorías jurídicas ajenas a nuestra historia, a nuestra fe, a nuestra cultura y a nuestra visión antropológica”.
Respecto al aborto, el cardenal Sarah afirmó que “un sistema jurídico que eleva el aborto a la categoría de derecho fundamental […] obliga a los Estados, a las comunidades religiosas y al personal sanitario y educativo a ajustarse a una visión del hombre incompatible con sus convicciones de fe”.
En ese sentido, se refirió al Acuerdo de Samoa, que regula las relaciones entre la UE, África, el Caribe y el Pacífico, y que insta a los gobiernos a impartir “una educación integral en materia de salud sexual y reproductiva”. Según estos planes de estudios, “la educación se convierte en el laboratorio en el que se enseña a los niños a considerar su propia identidad sexual como algo puramente fluido y autodeterminado, desvinculado del cuerpo, de la historia familiar y de las relaciones”.
Es precisamente porque la Iglesia, en muchas naciones europeas, ha perdido su propia identidad, su voz profética, por lo que Occidente mismo ha perdido el sentido de su propia civilización
Mons. Sarah también condenó el uso de “programas educativos y ayudas condicionadas para penetrar en el tejido cultural de los países africanos, redefiniendo a la persona y a la familia según estándares occidentales secularizados que no forman parte de la historia de esos pueblos”.
Estableció un paralelismo entre la crisis de la Iglesia occidental y la crisis de Occidente mismo. “Es precisamente porque la Iglesia, en muchas naciones europeas, ha perdido su propia identidad, su voz profética, por lo que Occidente mismo ha perdido el sentido de su propia civilización”.
En respuesta, el cardenal propuso que Europa “esté dispuesta a recibir de África lo que esta aún puede ofrecer a un Occidente cansado: el testimonio de una fe viva y de un sentido de la familia, que pueden ayudar a la propia Europa a redescubrir su propio logos”.
Como reprimenda final, el cardenal Sarah instó a Europa a someterse a un “serio examen de conciencia”. “Escuchad a África. Respetad su soberanía cultural. Ofreced una cooperación libre, no condicionada por agendas ideológicas”.