Según publica La Gaceta, el Gobierno de Pedro Sánchez está tratando de ocultar a través de Interior un nuevo suceso en un centro de menores inmigrantes que ha vuelto a generar alarma social. El incidente, ocurrido hace escasos días en pleno casco urbano de Arcos de la Frontera (Cádiz), ha terminado con una trabajadora de la limpieza apuñalada presuntamente por uno o varios internos del centro de acogida de menas.
Según testigos presenciales, en torno a las 19.00 horas del 30 de julio se desplegaron al menos cuatro vehículos de la Guardia Civil, con agentes entrando al interior del inmueble. Una fuente del cuerpo ha confirmado la agresión a la empleada, señalando que se está manejando el caso con máxima discreción.
De hecho, según esa misma fuente, desde la Delegación de Interior se habría ordenado modificar los servicios y turnos de la Guardia Civil en la zona, con el fin de evitar filtraciones y contener una posible reacción social en la localidad. El hermetismo es absoluto, y de momento sólo ha trascendido que al menos tres menores habrían sido trasladados fuera del centro tras lo ocurrido.
Varios residentes de la zona han comenzado a manifestar su malestar a través de redes sociales. Algunos vecinos denuncian que los altercados en el entorno del centro son habituales, con peleas, amenazas y la presencia constante de patrullas policiales. «Lo de cada día. Raro es el día que no viene una patrulla», escribe un vecino. «Esto se nos va de las manos» añade otra usuaria preocupada.
Por el momento, ni el Ministerio del Interior ni la Junta de Andalucía han emitido comunicados oficiales sobre el incidente. Tampoco hay confirmación pública sobre el estado de salud de la trabajadora herida ni sobre si hay detenidos formalmente.
Recordamos aquí las recientes palabras del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, pidiendo «tolerancia cero» frente a la «intolerancia del diferente» respecto a la inmigración: «Nos recuerda a etapas muy oscuras». Se lo resumimos, para que no se pierdan: un paso más en la persecución de los delitos de odio. ¿Por qué decimos esto? Pues, sencillamente, porque una persona que es intolerante, lo será con el diferente o con el cercano, pero eso no significa que le odie, significa, por ejemplo, que es egoísta y no le importa lo que le pueda ocurrir. Pero, insistimos, al diferente y al semejante. Sin embargo, atendiendo al planteamiento Marlaska esto se reduce a: si no estás de acuerdo con lo que yo hago o con lo que yo digo, eso significa que me odia. Por lo tanto, está incurriendo en un delito de odio. Lo hemos repetido muchas veces en Hispanidad, delito de odio es confundir delito con pecado. Y claro, una sociedad que confunde delito y pecado resulta radicalmente injusta, porque sólo Dios sabe lo que pasa por la conciencia del hombre.