El Health Service Executive (HSE) de Irlanda ha reconocido que 108 bebés nacieron vivos después de abortos entre 2019 y 2023. La revelación se produjo en respuesta a una pregunta parlamentaria del diputado independiente Mattie McGrath, y la información se apoya tanto en esa contestación oficial como en los informes anuales publicados por el National Perinatal Epidemiology Centre (NPEC).

El dato ha causado revuelo puesto que el número es "sustancialmente mayor" de bebés nacidos vivos tras abortos del que había sido públicamente reconocido. Especial alarma ha causado que hasta cuatro bebés tenía 24 semanas y/o nacieron con un peso de 500 gramos y "sin indicación de ninguna anomalía congénita". El texto presentado por la asociación provida, Pro Life Campaign, sugiere que este dato podría significar que podrían haber sido bebés sanos y que estaban edad gestacional en el que la supervivencia era razonable. 

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La asociación han denunciado, por un lado, el hecho de que los bebés nacieran vivos tras un aborto, y también lo ocurrido después: "ninguno merecía morir de la forma horrible en que lo hicieron: primero por el aborto y luego, tras sobrevivir, por la ausencia de atención médica para sostener sus vidas". Por tanto, la entidad ha elevado el asunto a cuestión humanitaria de máxima urgencia y reclama que la situación no continúe sin control.

La Pro Life Campaign califica el trato como "bárbaro e inhumano" y denuncia que se tomen decisiones de vida o muerte "a puerta cerrada" por médicos que facilitan abortos. Asimismo, Life Institute ha presentado una denuncia para que se investigue y ha reclamado respuestas públicas sobre lo sucedido.

Piden saber qué ocurrió en cada uno de esos casos, qué atención recibieron esos bebés tras nacer vivos y si existieron intervenciones que podrían haberse realizado para salvarles la vida: "¿Se dejó simplemente morir a estos bebés y se les negaron intervenciones que podrían haberles salvado la vida?".