El arte puede reflejar como los espejos el alma de un país de diversas maneras a través de su cultura e historia, manifestando valores, creencias, tradiciones, símbolos y hasta anhelos futuros. A veces hay obras que incluso consiguen conmover, escandalizar y hasta sacudir el alma de un país.
Si el Guernica de Picasso puede ser una de las obras pictóricas más representativas del espíritu español a lo largo de la historia, junto a cuadros de Goya por simbolizar la tragedia de la intransigencia o Las Meninas de Velázquez, con todos los secretos de la Corte en Moncloa sin mirar tan lejos, en el resto de Occidente no puede ser menos.
A continuación se realiza un intento genuino con otros artistas y obras maestras internacionales que mejor podrían simbolizar a su manera el aura nacional de nuestros principales vecinos y aliados. Cada una de las obras escogidas podrían condensar la esencia icónica que mejor arropa el carácter y sentir de cada país a lo largo de la historia hasta nuestros días.
Alemania: Este es el caso del pintor Caspar David Friedrich, autor de El caminante sobre el mar de nubes (1818)
La obra que captura el espíritu romántico define la identidad alemana emergente en el siglo XIX, en un periodo clave para la formación del nacionalismo en Alemania. Tanto simbolismo no ha caducado y palpita en el sentir de muchos alemanes en la actualidad.
La pintura sobre lienz muestra a un hombre contemplando un paisaje sublime, simbolizando la introspección, el individualismo y una conexión profunda con la naturaleza, que son valores centrales del Romanticismo germano. Este movimiento cultural fue fundamental para forjar una identidad nacional basada en la lengua, la cultura y el paisaje que de alguna manera “inspiró” los movimientos nacionalistas que prepararon el terreno para la unificación y acabar con la fragmentación territorial. Bismarck, tras orquestar la Guerra Austro-Prusiana y la Guerra Franco-Prusiana, proclamó el Imperio Alemán en 1871 apoyándose más en su RealPolitik que en ideas románticas.
Es una obra que perdura pese al paso del tiempo, admirada por buena parte de los alemanes y su clase política aunque también atravesó su olvido desértico durante cierta etapa. En su día el nazismo intentó apropiarse de la obra de Friedrich para su propaganda utilizando la imagen del caminante e interpretándola como un símbolo de la raza aria y su dominio sobre la naturaleza. Sin embargo Friedrich nunca habría compartido las ideas racistas y nacionalistas ya que se esforzó por transmitir una visión más universal y espiritual de la relación del ser humano con el mundo.
Con el final de la II Guerra Mundial y la división del país durante 45 años, Alemania se ha erigido hoy en día en una potencia económica -pero enana políticamente a tenor de los conflictos actuales que destruyen pueblos y arte, incapaz de mediar-. Hay quien afirma que algunos de sus productos más emblemáticos “Made in Germany” son obras del romanticismo tecnológico moderno aunque con fecha de caducidad debido a la competencia mandarín. Cierto o no, si hay algo que echaba de menos la excanciller Angela Merkel en su escaso tiempo libre es lo que respira la obra de Friedrich: “Die frische Luft” (el aire libre, desde un entorno de plena naturaleza).
Como en tiempos del simbolismo romántico, para combatir la desilusión de no pocos europeos alemanes, habría tal vez que airear más la mente para piropear el horizonte y refrescar la capacidad inventiva con el objetivo final de que nos devuelva a tiempos más boyantes sin perder de vista a las personas.
Francia: Eugène Delacroix y su cuadro La Libertad guiando al pueblo (1830)
Obra icónica que encarna el espíritu revolucionario francés, surgido en 1789 y continuado en las revoluciones de 1830. La pintura muestra a una figura femenina Marianne -alegoría de la libertad- liderando al pueblo con una bandera, simbolizando los ideales de libertad, igualdad y fraternidad. Porta un gorro frigio, fusil con bayoneta y la tricolor, estando acompañada de distintos estratos sociales como obreros, estudiantes, soldados y niños unidos en la lucha contra las desigualdades. Un cuadro de la categoría de Delacroix captura la pasión, el heroísmo y la lucha colectiva que definen el carácter francés post-revolucionario, donde el pueblo se convierte en protagonista de su destino.
La Libertad guiando al pueblo es una obra que bien podría ser representativa también para la Europa actual por lo que simboliza y parece describir a pesar del paso del tiempo la Francia de Emmanuel Macron, tan falto de afrontar algunos de los retos más significativos de la era moderna, como: la masiva migración musulmana, el terrorismo y la seguridad, así como las tensiones sociales y económicas en una UE que padece con desgarro los efectos de la globalidad, las amenazas híbridas, el recorte de valores occidentales, de la fraternidad y sobre todo la pérdida de competitividad.
La protagonista Marianne es casi una obsesión para los políticos franceses hasta el punto que su busto preside numerosos ayuntamientos franceses y hasta los sellos -con no poca controversia-, cuidando de reflejar el espíritu francés. Algunos han interpretado que el cabello suelto reflejado en una de las últimas series filatélicas emitidas por la autoridad postal es una alegoría a la prohibición del Estado francés contra el velo islámico en espacios públicos. Recordemos que en la Francia actual viven alrededor de siete millones de musulmanes “fraternales”.
Reino Unido: J.M.W. Turner y su cuadro Lluvia, vapor y velocidad: Gran Ferrocarril del Oeste (1844)
Turner es probablemente uno de los pintores británicos más influyentes todavía hoy en día que captura la esencia del alma del Reino Unido como cuna de la Revolución Industrial con una identidad profundamente arraigada en el paisaje y el progreso. Lluvia, vapor y velocidad muestra un tren atravesando un paisaje brumoso, simbolizando la modernidad, el poder industrial y la conexión con la naturaleza, que son elementos centrales del carácter británico. La obra de Turner refleja la capacidad del Reino Unido para abrazar el cambio mientras mantiene una fuerte relación con su tradición y su entorno. Desde sus orígenes como potencia marítima y comercial hasta su liderazgo en la Revolución Industrial, el espíritu británico de ayer y hoy se caracteriza casi inalterablemente, pese a su decadencia, por su capacidad de innovación y adaptación. Turner, con su estilo romántico y su fascinación por la luz y el movimiento, encapsula esta dualidad entre tradición y progreso.
Pese a tanta nebulosa en esta obra pictórica y simbolismo, en el fondo los británicos aspiran a disfrutar sin cortinas de humo de tópicos sensoriales que parecen no tener y hallan en otras culturas europeas: el gusto por la vida, el sol, la cocina, las fragancias y la placidez emocional del paso del tiempo. Admirables por contra su idioma universal, la rica historia, el legado del parlamentarismo como forma de gobierno y sus 14 colonias o territorios en ultramar como Malvinas y Gibraltar. A más de un ciudadano de la vieja Europa puede sorprender todavía hoy en día la veneración británica por el concepto “civilización” como país desarrollado tras la confluencia de multitud de religiones y culturas en su seno. En pocas otras culturas occidentales se pone tanto empeño como Turner en cuidar las formas como factor de convivencia civilizada.
Italia: La Gioconda de Leonardo da Vinci (1503)
También conocida como la Mona Lisa fue pintada durante el Alto Renacimiento en Florencia, encarnando el ingenio artístico, científico y humanista de Italia en su apogeo cultural. Leonardo da Vinci, representa la síntesis de arte, ciencia e inquietud intelectual que definió a Italia en los siglos XV y XVI hasta nuestros días. Tan enigmática sonrisa ha trascendido fronteras como casi ninguna otra obra artística convirtiéndola en un símbolo universal del arte. Este carácter universal refleja la capacidad de Italia para proyectar su influencia cultural por el globo.
Podemos convenir que a diferencia de otros vecinos, Italia es un país que suele caer en gracia a casi todo el mundo, por su cercanía, simpatía, originalidad y saber vivir. Italia es el país más afín a la cultura mediterránea española ya sea en política, en el arte, en el deporte o en las relaciones internacionales que suelen provocar a menudo una sonrisa inocente como la de La Gioconda. Su estilismo y gusto por el diseño no es algo reciente sino que ha acompañado todo su legado pasado.
El espíritu italiano, con sus luces y sombras, también muestra una mezcla de su rica historia y cultura, tradición y modernidad, individualismo y espíritu familiar. Si el Renacimiento produjo un periodo de cambio y transformación, la Italia de la Gioconda actual de Giorgia Meloni (jefa de gobierno) también está en esta misma fase con una capacidad de adaptación como pocos países han demostrado a lo largo del pasado. Como decían en la Divina Comedia de Dante -sin pensar en las imitaciones chinas-: “Abandonad toda esperanza, vosotros que entráis”. Italia nunca fue una copia sino un original, como así puede dar fe la enigmática Mona Lisa.
EEUU: Andy Warhol y sus retratos del Arte Pop
En el caso de los EEUU la elección de la obra representativa del alma norteamericana puede causar cierta polémica popular. Con el aval de no acertar al gusto de todos, tal vez nadie como Andy Warhol puede representar la etapa artística más próspera de todos los tiempos en el país descubierto por los europeos como es el Pop-Art. Su obra plástica alude a los productos en masa “Made in USA”, las celebridades como Marilyn, la Coca-Cola, las conservas, los primeros coches producidos en serie de la marca Ford y hasta las armas. Wahrhol rompió moldes como bien sabe hacer la cultura “yankee”.
A diferencia del aura europea, siempre rodeada de cierto romanticismo por el pasado glorioso, la Norteamérica de Warhol sigue siendo un crisol de culturas y un caleidoscopio de manifestaciones artísticas. Pero si hay algo que destaca en Warhol es el espíritu pragmático del norteamericano medio. Fue precursor además de la “identidad queer” (LGTBI actual) en la vida y en el arte tan en boga ahora en Europa.
Mientras los europeos añoran el pasado y hasta cultivan cierto pesimismo en las cosas hasta ser casi insignificantes, el espíritu americano es disruptivo, innovador, mira con optimismo el futuro y se reinventa continuamente. Si el Arte-Pop tuvo su apogeo con Warhol, esta misma corriente puede ser tan ingeniosa que permitiría afirmar metafóricamente que ha inventado internet, la inteligencia artificial (IA), el libre comercio (hasta la llegada de Donald Trump), la defensa de la democracia y hasta la policía mundial.
Algo tiene América que para triunfar en el mundo del arte, los negocios, la cultura y el respeto en las relaciones internacionales hay que hacerlo en los EEUU. La gran amenaza que representa el alma americana de Warhol es el aliento cercano de China. Con Trump o sin Trump y Warhol latente, los norteamericanos afrontarán el desafío asiático como siempre lo han hecho con pragmatismo, firmeza y a veces hasta carente de emociones.