Lo explica, y yendo al fondo de la cuestión, e inteligible para todos, Religión en Libertad, en un genial artículo titulado “La intensificación de la persecución religiosa en China descoloca el acuerdo con la Santa Sede”.
El tirano de nuestra época que, aunque no lo crean, no es Donald Trump sino el malnacido de Xi Jinping, se dedica ahora a golpear a las pequeñas comunidades católicas chinas, porque los pequeños siempre son más fieles a la doctrina que los grandes.
Tras el primer acuerdo entre Roma y Pekín (2018) y la posterior renovación de 2024 (hasta octubre de 2028), las cosas han ido de mal en peor. Los comunistas se dedican ahora a cerrar aún más, hasta la asfixia, el nudo de la horca, mientras el Vaticano protesta en silencio por la cruenta persecución a los católicos chinos... para que el malnacido no se ensañe aún más con los católicos, a los que utiliza como rehenes.
Resumen: China le tomó el pelo a la Iglesia, que cedió mucho a cambio de acabar con la blasfemia de la Iglesia patriótica. Pues bien, ahora Xi pretende convertir a esa división del Partido Comunista en la única Iglesia china.
No fue este el mejor acuerdo firmado por el Papa Francisco y por el secretario de Estado Vaticano, el cardenal Pietro Parolin... que aún continúa en su puesto, con el Papa León XIV.
Lo mejor sería romper el acuerdo y anunciarlo así al mundo. Mártires chinos seguiría habiéndolos, los mismos mártires que ahora, no más, pero, por lo menos, se evitaría la profanación del Cuerpo Místico por el malnacido de Xi Jinping
Sí, le he llamado malnacido tres veces, es lo que es.