El bruxismo afecta a un porcentaje muy alto de la población y, sin embargo, sigue pasando inadvertido hasta que deja señales claras. Se trata de una actividad parafuncional, es decir una actividad de una parte del organismo sin función fisiológica concreta, innecesaria e incluso perjudicial. En este caso, apretar o rechinar los dientes, a menudo sin darse cuenta, y con una relación frecuente con el estrés y con alteraciones del sueño.

 

“En muchos pacientes el bruxismo no es solo un problema dental: es la expresión de un sistema que está tensionado, ya sea por estrés, por una mala calidad del sueño o por ambas cosas”, explica el Dr.  Pablo Gutiérrez, de la Unidad Dental de Quirónsalud Valencia.

Bruxismo diurno y nocturno

El reto es que no siempre se manifiesta con el típico ruido nocturno. Hay bruxismo diurno y bruxismo nocturno, y ambos pueden ser igual de dañinos. En el bruxismo nocturno influyen fenómenos complejos relacionados con las etapas del sueño, con el aumento del tono muscular y con estímulos del sistema nervioso en los que participan distintas estructuras cerebrales y neurotransmisores. Por eso, además de una cuestión dental, suele ser un problema que se cruza con hábitos de vida, descanso y factores psicosociales.

“En consulta”, declara la doctora Marta Vallés, jefa de la Unidad Dental y Cirugía Maxilofacial del Hospital Quirónsalud Torrevieja, “el desgaste del esmalte es una pista, pero no la única ni la más importante”. Muchos pacientes llegan por dolor orofacial (boca, cara o estructuras próximas), cefaleas, fatiga muscular al despertar o sensación de sueño poco reparador. También puede coexistir con trastornos respiratorios del sueño, como el síndrome de apnea e hipopnea, y con problemas temporomandibulares: chasquidos, limitación de apertura, dolor en la articulación o en la musculatura masticatoria.

Muchos pacientes llegan por dolor orofacial (boca, cara o estructuras próximas), cefaleas, fatiga muscular al despertar o sensación de sueño poco reparador

 

“La ansiedad y el estrés elevados, junto con factores posturales y determinados hábitos orales o maloclusiones, pueden favorecer su aparición o empeorar su evolución”, afirma la doctora Vallés.

Consecuencias serias

Las consecuencias van más allá de “desgastar los dientes”. El bruxismo mantenido en el tiempo puede asociarse a mialgias, daños periodontales y problemas articulares, además de fracturas dentarias, movilidad y alteraciones oclusales. De ahí la importancia de un diagnóstico oportuno: cuanto antes se identifique, más fácil es evitar una cascada de complicaciones que luego requieren tratamientos más complejos.

El abordaje del bruxismo se apoya, tradicionalmente, en las férulas o planos oclusales, que han demostrado utilidad para proteger las piezas dentales, reducir el dolor facial y disminuir la fatiga muscular. En términos prácticos, la férula de descarga actúa como un escudo entre el arco de los dientes y ayuda a estabilizar la mordida, evitando que el apretamiento siga lesionando dientes y articulación. Para que el tratamiento sea correcto, estas férulas deben estar bien indicadas y correctamente diseñadas: suelen ser rígidas, de resina, con el mayor número posible de contactos adecuados y con guías que protejan la función mandibular. En la mayoría de los casos se colocan en el maxilar superior, aunque la elección depende de la anatomía de cada paciente, de la posición de los maxilares y del objetivo terapéutico.

El abordaje del bruxismo se apoya, tradicionalmente, en las férulas o planos oclusales, que han demostrado utilidad para proteger las piezas dentales, reducir el dolor facial y disminuir la fatiga muscular

Además de la férula, hay medidas que pueden ayudar, sobre todo cuando el bruxismo se asocia a un exceso de activación antes de dormir. En la fase previa al sueño conviene reducir la actividad muscular masticatoria y revisar hábitos: alcohol, tabaco, café y otros estimulantes pueden empeorar el descanso y favorecer un estado de alerta que no ayuda.

Primero, el diagnóstico

En algunos adultos, bajo criterio médico, se emplean terapias farmacológicas a corto plazo, como benzodiacepinas o relajantes musculares, orientadas a disminuir la actividad motora nocturna y aliviar síntomas de forma temporal. Y en determinados casos, la toxina botulínica se utiliza con buenos resultados para reducir la hiperactividad muscular, especialmente cuando hay hipertrofia del masetero o dolor muscular persistente.

En cualquier caso, el punto de partida es siempre el diagnóstico: confirmar el tipo de bruxismo, valorar el impacto real en dientes, encías, articulación temporomandibular y musculatura, e identificar factores asociados, como el estrés o posibles trastornos del sueño. Con esa información, el especialista puede plantear un plan de tratamiento personalizado y realista, centrado no solo en proteger los dientes, sino en mejorar síntomas y prevenir daños futuros.