La leucemia linfática crónica (LLC), el tipo de leucemia más frecuente en adultos en los países occidentales, ha experimentado una auténtica transformación terapéutica en la última década. Lo que durante años fue una enfermedad asociada a tratamientos agresivos y pronósticos inciertos evoluciona hoy hacia un modelo de medicina personalizada, con terapias dirigidas capaces de controlar la enfermedad durante largos periodos y mejorar significativamente la calidad de vida de los pacientes.
Aunque muchos casos siguen detectándose de forma casual y sin síntomas aparentes, los especialistas insisten en la importancia del seguimiento hematológico y del acceso a tratamientos innovadores que están cambiando la historia natural de esta patología, tal y como asegura la doctora Arancha Alonso, jefa asociada del Servicio de Hematología del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo, perteneciente al grupo Quirónsalud.
“La LLC es la leucemia más frecuente en Occidente, y cuenta, por tanto, con una prevalencia elevada. Suele ser frecuente en torno a los 70 años, suelen ser pacientes de edad avanzada y que ya asocian otras comorbilidades como cardiopatías, diabetes, o hipertensión arterial, por ejemplo, por lo que ahora mismo en la aplicación de tratamientos no nos guiamos tanto por la edad, sino por el estado funcional del paciente”, explica.
No todos los pacientes precisan tratamiento, sí vigilancia
Además, llama la atención esta hematóloga que no todos los pacientes con leucemia linfática crónica requieren tratamiento en el momento del diagnóstico, si bien sí afirma que es necesaria una vigilancia periódica por parte del médico especialista.
“Cuando se cumplen una serie de criterios que pueden ser sintomáticos, no necesariamente analíticos siempre, si el paciente necesita un tratamiento es en este momento en el que se le ofrece el estudio que corresponda o el tratamiento estándar. Actualmente, para el diseño de los estudios se utilizan generalmente los factores pronósticos biológicos”, aclara la doctora Alonso.
Llama la atención la hematóloga Arancha Alonso que no todos los pacientes con leucemia linfática crónica requieren tratamiento en el momento del diagnóstico, si bien sí afirma que es necesaria una vigilancia periódica por parte del médico especialista
En este sentido, precisa que algunas mutaciones genéticas se han asociado con un peor pronóstico de la enfermedad, con una peor respuesta a los tratamientos, o con un mayor índice de recaídas, “y eso dirige la forma en la que diseñamos los tratamientos”.
Una medicina más personalizada
En el diseño de los tratamientos, además, se observa si se precisa de un tratamiento finito, o bien de uno a largo plazo, y según recuerda, donde también se tiene en cuenta la edad avanzada de estos pacientes. “Es importante no olvidar que al ser una enfermedad crónica los tratamientos a largo plazo deben tener una buena tolerancia a los efectos adversos”, añade.
Pero “por suerte”, tal y como zanja, “la edad ha dejado de ser un límite” para la puesta en marcha de estos tratamientos porque las últimas novedades terapéuticas implican el empleo de fármacos con menos efectos adversos que la quimioinmunoterapia que se usaba hasta hace poco de manera convencional, y que prácticamente casi todos los pacientes pueden recibir las nuevas terapias.
“Es una enfermedad que en los últimos años se trataba con quimio e inmunoterapia convencional, y que ahora se aborda en gran parte de los casos sin quimioterapia, y con tratamientos dirigidos frente a dianas concretas que se expresan en los linfocitos B, los afectados en esta enfermedad, pueden ser inhibidores de la tirosinquinasa de Bruton, que está relacionado con el receptor de la célula B, inhibidores del BCL2, una vía de apoptosis (muerte celular) propia del linfocito. Por tanto, estamos en el momento de la terapia dirigida”, agrega esta doctora.
“La edad ha dejado de ser un límite” para la puesta en marcha de estos tratamientos porque las últimas novedades terapéuticas implican el empleo de fármacos con menos efectos adversos que la quimioinmunoterapia que se usaba hasta hace poco de manera convencional
Los marcadores que se emplean actualmente, según detalla, son biológicos, y en el momento en el que el paciente precisa tratamiento, es importante evaluar si hay presencia o no de mutaciones genéticas que se relacionan con un peor pronóstico especialmente la delección del 17 y/o Mutación p53, la del 11, así como la ausencia de hipermutaciones de la región variable de las cadenas pesadas de las inmunoglobulinas (IGVH), por ejemplo.
“Tenemos una serie de marcadores que nos pueden decantar a priori hacia un tipo de tratamiento u otro, pero el factor pronóstico siempre en todas las patologías es la respuesta del paciente al tratamiento de la enfermedad”, insiste la jefa asociada del Servicio de Hematología del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo.
Menos efectos secundarios y una mejor tolerancia
Otra de las ventajas de estas nuevas líneas de tratamiento en la leucemia linfática crónica es que, en el largo plazo, señala Arancha Alonso, se ahorra toxicidad: “Antes se usaba una combinación de fármacos que iban muy bien, y que han tenido respuestas duraderas, pero cuando estos pacientes recaían no había otras opciones para ofrecerles y acumulaban toxicidad a largo plazo; de manera que veían bastante mermada su calidad de vida. Ahora, aunque el paciente recaiga, casi ninguno recibe quimioterapia, y en los tratamientos de primera línea se emplea ya la inmunoterapia y la terapia dirigida, con unos efectos adversos mucho mejor tolerados”.
En este contexto, esta hematóloga recuerda que, dentro del grupo Quirónsalud, el Hospital Quirónsalud Madrid, situado en Pozuelo, cuenta con una línea de ensayos clínicos en fase 1 y en fase 3 para este tipo de pacientes, donde se emplean combinaciones con nuevos fármacos, con fármacos sin comercializar, o con fármacos comercializados para otros usos pero que se está estudiando si pueden destinarse al tratamiento de la leucemia linfática crónica.
“Ahora, aunque el paciente recaiga, casi ninguno recibe quimioterapia, y en los tratamientos de primera línea se emplea ya la inmunoterapia y la terapia dirigida, con unos efectos adversos mucho mejor tolerados”
En última instancia, la hematóloga Arancha Alonso pone en valor la importancia de la comunicación con el paciente a la hora de trasladarle la noticia de que padece una leucemia, una enfermedad que hoy en día sigue transmitiendo mucho miedo y que se asocia desde hace años con un mal pronóstico.
“La manera en la que el médico comunica la enfermedad es fundamental y hay que establecer primero una conexión con el paciente, una comunicación bilateral donde le expliques que a pesar de la connotación negativa del nombre leucemia, lo importante en este caso son los apellidos, ‘linfática crónica’, por lo que no tiene nada que ver con lo conocido, y porque es una enfermedad que no requiere de tratamiento de manera inmediata y en la que actualmente hay una cartera amplia de tratamientos dirigidos poco tóxicos y una oferta de ensayos clínicos”, concluye.