Durante años, el abordaje de las lesiones deportivas ha estado centrado casi exclusivamente en la recuperación tras el daño: diagnóstico, reposo, tratamiento y vuelta progresiva a la actividad. Sin embargo, en los últimos tiempos se ha consolidado un cambio de enfoque cada vez más relevante en la medicina del deporte. La prevención y la fisioterapia han pasado a ocupar un lugar central, no solo para acelerar la recuperación, sino para reducir el riesgo de recaídas y evitar que la lesión llegue a producirse.

 

“La fisioterapia no es solo una herramienta de rehabilitación, sino un pilar clave en la prevención de lesiones y en la mejora del rendimiento deportivo”, señala el Dr. Pablo de la Cuadra, especialista en Traumatología Deportiva y Cirugía Reconstructiva del Hospital Ruber Internacional, quien subraya que una correcta planificación del entrenamiento y del cuidado musculoesquelético puede marcar la diferencia entre una práctica deportiva segura y una sucesión de lesiones recurrentes.

La recuperación funcional, más allá de la desaparición del dolor, se ha convertido en el objetivo principal. Volver a hacer deporte sin haber recuperado fuerza, coordinación y estabilidad incrementa de forma notable el riesgo de recaída

Cada vez más deporte

Este cambio de paradigma responde a una realidad evidente: cada vez más personas practican deporte de forma regular, muchas de ellas sin supervisión profesional y con cargas de entrenamiento que no siempre se ajustan a su edad, condición física o historial de lesiones. A ello se suma el auge de disciplinas de alta exigencia física, tanto en el ámbito amateur como en el semiprofesional, lo que ha incrementado la incidencia de lesiones musculares, tendinosas y articulares.

En este contexto, la fisioterapia ha ampliado su campo de acción. Ya no se limita al tratamiento posterior a la lesión, sino que interviene de forma activa en la valoración funcional del deportista. El análisis del gesto deportivo, la detección de desequilibrios musculares, las alteraciones de la pisada o las limitaciones de movilidad permiten identificar factores de riesgo antes de que aparezca el dolor o el daño estructural.

La prevención se apoya, además, en programas individualizados que combinan ejercicios de fortalecimiento, trabajo de estabilidad, mejora de la flexibilidad y control neuromuscular. Estos planes se adaptan al tipo de deporte, a la frecuencia de entrenamiento y a las características personales de cada deportista, lo que resulta especialmente relevante en personas que retoman la actividad física tras un periodo de inactividad o en deportistas veteranos.

La fisioterapia actúa así como un puente entre la práctica deportiva y el autocuidado responsable

Otro de los aspectos que ha ganado protagonismo es la educación del paciente. Aprender a calentar de forma adecuada, respetar los tiempos de recuperación, reconocer las señales de sobrecarga y entender la importancia del descanso son elementos clave para reducir la probabilidad de lesión. La fisioterapia actúa así como un puente entre la práctica deportiva y el autocuidado responsable.

Recuperación funcional

Cuando la lesión ya se ha producido, el papel de la fisioterapia sigue siendo determinante. La recuperación funcional, más allá de la desaparición del dolor, se ha convertido en el objetivo principal. Volver a hacer deporte sin haber recuperado fuerza, coordinación y estabilidad incrementa de forma notable el riesgo de recaída. Por ello, los programas de rehabilitación actuales priorizan una reincorporación progresiva y segura a la actividad física.

Este enfoque integral resulta especialmente relevante en lesiones frecuentes como las tendinopatías, los esguinces de tobillo, las roturas musculares o los problemas de rodilla y hombro. En todos estos casos, la combinación de tratamiento, prevención y seguimiento fisioterapéutico ha demostrado mejorar los resultados a medio y largo plazo.

La colaboración cada vez más estrecha entre traumatólogos, médicos del deporte y fisioterapeutas ha permitido consolidar un modelo de atención multidisciplinar centrado no solo en curar, sino en preservar la salud del deportista. Una estrategia que hoy se entiende como parte esencial de una práctica deportiva segura, sostenible y compatible con una vida activa a cualquier edad.