Con la llegada del verano, la bicicleta vuelve a ganar protagonismo como una de las formas más populares de hacer ejercicio al aire libre. Las rutas por carretera, los desplazamientos urbanos sobre dos ruedas, y los eventos deportivos como el Tour de Francia o La Vuelta a España animan a miles de personas a pedalear, pero entre muchos hombres surge una duda recurrente: ¿puede el ciclismo perjudicar la próstata o afectar a la salud sexual?
La evidencia científica disponible apunta a que no existe una relación demostrada entre montar en bicicleta y un mayor riesgo de crecimiento prostático, de elevación del PSA, o de disfunción eréctil. De hecho, lejos de ser perjudicial, la actividad física regular, incluida la bicicleta, forma parte de un estilo de vida asociado a mejores resultados en nuestra salud general y sexual.
“No existe ninguna evidencia, en el momento actual, de que la práctica de la bicicleta pueda ser el causante del crecimiento de la próstata o de disfunción eréctil. La realización de ejercicio físico es un factor clave para una mejor salud sexual”, advierte en este sentido Francois Peinado, jefe del Servicio de Urología del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo (Madrid), perteneciente al Grupo Quirónsalud.
Hiperplasia benigna de próstata
Este experto reconoce así que son muchos los hombres que en consulta les preguntan acerca de la posible relación entre el ciclismo y las patologías urológicas más frecuentes en el hombre, como son la hiperplasia benigna de próstata (crecimiento benigno de la próstata), o la disfunción eréctil.
En concreto, tal y como explica este urólogo, la hiperplasia benigna de próstata (HBP) es el agrandamiento de la glándula prostática, encargada de producir unas secreciones del semen, y este crecimiento es debido al envejecimiento. “Una pregunta frecuente es si la práctica ciclista puede provocar el crecimiento de la glándula prostática. No hay ningún dato que lo relacione puesto que la próstata crece inexorablemente en todos los hombres por la edad y la testosterona”, aclara el doctor Peinado.
Eso sí, en los pacientes con prostatitis (inflamación de la próstata) no se aconseja la práctica de la bicicleta para evitar la congestión pélvica y las molestias sobre el suelo pélvico, según advierte este especialista de Ruber Juan Bravo.
El caso de la disfunción eréctil
Por otro lado, indica este experto que otra de las dudas de muchos corredores es si el ciclismo les va a afectar a la disfunción eréctil o impotencia, una enfermedad prevalente y que, concretamente, afecta, al menos, al 20% de la población masculina prácticamente en todos los grupos de edad a partir de los 25 años.
“La disfunción eréctil se define como la incapacidad persistente parar lograr y mantener una erección suficiente para mantener una relación sexual satisfactoria. Las causas de la impotencia pueden ser físicas, psicológicas o la consecuencia de otra patología. Precisamente, ante esta duda planteada frente al ciclismo, un estudio realizado por médicos de la Universidad de Lovaina (Bélgica) sobre la posible relación entre el ciclismo y la disfunción eréctil no ha encontrado ninguna evidencia sobre esta posible conexión”, remarca Francois Peinado.
¿Eleva el ciclismo el PSA?
Y ya en última instancia, el jefe del Servicio de Urología del Hospital Universitario Ruber Juan Bravo (Madrid) rechaza igualmente la idea o duda de que montar en bicicleta podría aumentar el PSA de los corredores.
“El PSA es el marcador específico de la próstata que la mayoría de los hombres se realizan a partir de los 50 años cuando acuden al urólogo. Sólo un estudio encontró una elevación de este marcador prostático en relación con el ciclismo a diferencia de cinco estudios que no observaron diferencias. Es por ello por lo que los urólogos exponemos que, en el momento actual, no hay evidencias científicas de que el ciclismo aumente los niveles de PSA en hombres”, insiste este urólogo.
De hecho, pone sobre la mesa que la revista "Prostate Cáncer Prostatic Disease" ha publicado un artículo en el que los urólogos estudiaron la relación entre ciclistas y sus niveles de PSA (Antígeno Prostático Específico), donde se manifiesta esta ausencia de correlación.