El pasado miércoles 24 de junio se produjeron dos potentes terremotos en Venezuela: el primero alcanzó los 7,2 grados en la escala de Richter y el segundo, apenas unos segundos después, 7,5 grados en la escala de Richter.

Ambos se produjeron en el centro del país. Las zonas del país que han sufrido mayores consecuencias fueron la capital, Caracas, así como el estado de La Guaira, considerado uno de los más dañados (pegado a la capital). Y también sufrieron daños en los estados de Aragua, Miranda, Carabobo y Falcón. 

Por el momento, el recuento oficial asciende a 1.450 fallecidos. Pero unas 50.000 personas continúan desaparecidas o no localizadas. Además, de 12.700 familias damnificadas y decenas de miles de personas que han perdido sus viviendas. 

Sin embargo, según las las estimaciones iniciales de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), hasta 6,8 millones de personas podrían haberse visto afectadas de una u otra forma por los terremotos. 

En ese terrible contexto de desolación, la dictadura chavista -liderada ahora por Delcy Rodríguez- no ha dado el do de pecho, según están denunciando los propios venezolanos, que argumentan que la ayuda del Estado está llegando tarde y mal, obligando a los ciudadanos a rescatar con sus propias manos a los enterrados por los edificios que todavía viven.

También denuncian los venezolanos la falta de suministros básicos como agua potable, alimentos, medicinas y combustible. Y por ende algunos hospitales están colapsados...

Y, lo que es peor, se han denunciado casos de restricciones en el el acceso -por ejemplo, de personal sanitario- a determinadas zonas devastadas, lo que dificulta las labores de rescate. Las inexplicables razones que habría dado el régimen serían, por ejemplo, tratar de evitar críticas sobre la gestión de la tragedia (si hay testigos de ello, lo podrían contar) o controlar la información: 

En ese contexto, la opositora venezolana María Corina Machado, premio Nobel de la Paz, ha anunciado que muy pronto volverá a Venezuela:

La Administración Trump es recelosa de la vuelta de la opositora venezolana más famosa y de hecho Washington anuló un reciente plan para su regreso a través de Curazao. Y es que en EEUU temen que su regreso perjudique el frágil equilibrio que hay en Venezuela y la «nueva amistad» de EEUU con la dictadura chavista. Pero la opinión norteamericana podría cambiar, dada la gravedad de la situación...