En Colombia, ayer lunes 10 de agosto tuvo lugar un terremoto de 7,4 grados, concretamente en las proximidades de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, en la costa del Pacífico.

Como consecuencia del terremoto han fallecido más de un centenar de personas, unas 132, aunque es una cifra muy provisional. 

Además, numerosos edificios se han visto afectados, así como los servicios eléctricos, de comunicaciones e infraestructuras.  

 

El recién estrenado en su cargo de presidente, Abelardo de la Espriella, declaró el "estado de desastre nacional", figura jurídica prevista en el artículo 56 de la Ley 1523 de 2012, y que permite activar un régimen especial para movilizar recursos y acelerar la contratación, la asistencia y la reconstrucción.

 

El liderazgo que está mostrando desde el primer momento el presidente colombiano en esta crisis contrasta con la ineficacia del estado venezolano en el terremoto que tuvo lugar en ese país el pasado 24 de junio. 

Además, algunas varias ciudades especialmente afectadas adoptaron restricciones nocturnas para facilitar las labores de rescate y evitar problemas de orden público, como saqueos, etc. 

La Conferencia Episcopal de Colombia ha emitido un mensaje en su web: "Oramos por quienes han perdido la vida para que Dios les conceda el descanso eterno; por las personas que aún se encuentran desaparecidas; por los heridos y las familias damnificadas. De manera especial, encomendamos a Dios a los organismos de socorro, autoridades, personal médico, voluntarios, servidores públicos, miembros de la Fuerza Pública y a todas las personas que, con generosidad y valentía, trabajan en las labores de búsqueda, rescate y atención de los afectados. Este momento doloroso nos recuerda que nadie puede afrontar solo una emergencia de esta magnitud. Colombia está llamada, una vez más, a reconocerse como una sola familia y a responder al sufrimiento de sus hermanos con generosidad, responsabilidad y solidaridad. Cada gesto de ayuda, cada mano tendida y cada esfuerzo compartido sean signos concretos de fraternidad y esperanza; por ello, lo más pronto posible estaremos comunicando las formas y vías de ayuda solidaria". 

Por su parte, organizaciones católicas como el Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Bogotá y el Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Bucaramanga ya se han puesto a trabajar para ayudar y han animado a realizar donaciones.