Los ecos de la Conferencia de Seguridad de Munich no se apagarán en mucho tiempo. Por un lado, la pelea entre Estados Unidos que hace cosas y una Europa postcristiana, es decir, decadente, que se mira su propio ombligo y no está dispuesta a arriesgar nada en nada.
Kaja Kallas, la ministra de Asuntos Exteriores de la Unión, y con no más éxito Ursula von der Leyen, asegura que Europa sabe cuáles son sus valores y no piensa cambiarlos por los valores norteamericanos. Pero si son los mismos valores, idénticos, valores cristianos que han creado la civilización cristiana, occidental, una única civilización, como afirmó el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio.
La diferencia, ya lo hemos dicho, es que mientras Europa habla, Estados Unidos actúa. Mientras Europa, con muchos remilgos y sin faltarle al respeto al caradura de Zapatero, representante oficioso de la tiranía chavista ante el mundo libre, conmina a Nicolás Maduro a que liberalice su régimen, Estados Unidos manda a sus comandos a detener a Nicolás Maduro e inicia una transición que a veces no comprendo, lo reconozco- en Venezuela. Sencillo: unos dicen y otro hacen, ¿Quién debe mandar en una entente de esas características, el que habla, que además tiene la guerra en sus fronteras, o el que actúa? Evidentemente el que hace, que es el que pone en juego la vida de sus soldados y el que está dispuesto a correr riesgos en Venezuela, Nigeria, Irán, Palestina...
Pero aún dentro de esa Europa mortecina, hay voces y voces. Y la participación -el pasado sábado 14-, de Sánchez en Europa ha sido como para llorar. Las contradicciones del personaje han marcado máximos y han enfadado a alemanes franceses e italianos, mientas los británicos se alejan de su colega de Internacional Socialista. Berlín y París querían aprovechar el paraguas nuclear francés, el único de la Unión Europea, mientras se crea ese ejército europeo, casi imposible, Pues bien, España se niega; eso de 'nuclear' le parece a Sánchez muy ofensivo, sobre todo a él, que ha pactado con comunistas y que empieza a ser considerado en Europa como un verdadero representante de la nueva potencia comunista mundial, que no es Rusia sino China.
Al tiempo, con su cinismo habitual, el presidente del Gobierno español asegura que Europa debe mejorar su industria militar... mientras se niega a reinstaurar la conscripción, el servicio militar obligatorio, y a aumentar el presupuesto de Defensa, desde el 2 al 5%
Es decir, Sánchez no sólo agota a Trump, sino a Merz, Macron, Starmer o Meloni. Sí, Sánchez cansa a Europa con sus contradicciones: no a la defensa nuclear pero sí al Ejército europeo. Oiga, ¿y cómo se come eso cuando el enemigo es Rusia, potencia nuclear, cuya infantería ni tan siquiera logra avanzar en Ucrania? El ejército rojo no es el peligro para Europa. El peligro son los misiles de guerra nuclear táctica, que Rusia está fabricando a gran escala y que, en caso de guerra global borrarán a Europa del mapa.
Al tiempo, con su cinismo habitual, el presidente del Gobierno español asegura que Europa debe mejorar su industria militar... mientras se niega a reinstaurar la conscripción, el servicio militar obligatorio, y a aumentar el presupuesto de Defensa, desde el 2 al 5%.