Reino Unido, Canadá y Australia, reconocieron al Estado palestino el domingo 21 de septiembre. Esto supone una gran victoria diplomática para los palestinos que, naturalmente, Pedro Sánchez ya se ha apresurado a capitalizar en España. Es él quien lidera el proceso mundial... aunque en Europa le ignoren.
Lo mejor es lo del Reino Unido. Aunque siempre podrá decir que él ya lo había advertido, el reconocimiento 'trilateral' se ha perpetrado 48 horas después de que Keir Starmer y Donald Trump, firmaran una acuerdo comercial y de sostenimiento mutuo, más bien, sostenimiento de la asilada Gran Bretaña por Estados Unidos frente al resto del mundo. Un hombre noble, este Keir.
El reconocimiento del Estado palestino por Londres, Canberra y Ottawa no solo representa una traición calculada a Estados Unidos sino a la Unión Europea. Primero porque Reino Unido, siempre pesetero, obtiene mejores condiciones comerciales para vender en Estados Unidos y segundo, porque a la Unión Europea le deja sóla ante Rusia. Recordemos que Emmanuel Macron también ha escogido al Estado palestino y que es la única potencia nuclear de la Unión Europea.
El reconocimiento del Estado Palestino por parte de Reino Unidos, Australia y Canadá se hace sobre las fronteras de 1967 reconocidas en Oslo: eso supone que no sólo reconoce a los palestino de Cisjordania, los de la OLP sino también a los de Gaza, a los terroristas de Hamas.
Dos consecuencias del reconocimiento de Palestina, justo en estos momentos: Europa se queda sola ante Rusia, aunque ahora mismo no puede vencer al ejército ruso: hemos vuelto a Pearl Harbour
En cualquier caso, el acuerdo deja sóla a Europa frente a la amenaza rusa. Y los ejércitos europeos que son muchos, no uno, no están preparados para enfrentarse a Putin, salvo utilizando el menguado arsenal nuclear francés. Hemos vuelto a Pearl Harbour, con alemanes y japoneses ganando la II Guerra Mundial porque Estados Unidos se negaba a entrar en la guerra.
Pero este domingo 21, festividad de San Mateo, patrón de Oviedo -relevante, este punto- vino marcado como una contranoticia, que no ha entendido la prensa progre española: Trump presidió el funeral-homenaje a Charlie Kirk, el activista cristiano asesinado por un chiflado de 22 años que se había creído la propaganda del Nuevo Orden mundial (NOM), que interesadamente confunde cristianismo con odio y catolicismo con ultraderecha.
Y así, Donald Trump, en uno de sus más acertados discurso, habló de devolver Estados Unidos a Dios. Qué pena que no englobara al conjunto de Occidente. Esta es la clave de lo que nos estamos jugando: que Occidente vuelva a ser él mismo, como dijo San Juan Pablo II de Europa, o recupera sus raíces cristianas, o en nada se distinguirá del Oriente, donde no existen hijos de Dios sino súbditos del poder civil, de los hombres.
Reino Unido, Canadá y Australia representan al protestantismo progresista, es decir, homicida. Sólo Donald Trump representa al cristianismo que forjó Occidente... y la libertad
Para entendernos, Reino Unido, Canadá y Australia son el protestantismo progresista, es decir, homicida. Sólo Donald Trump representa el cristianismo que forjó Occidente y la libertad individual.
Todo lo anterior no justifica a Netanyahu, un hombre cargado de razones -los terrorista de Hamas aún siguen escondiendo detrás de sus hijos y no se han planteado devolver a los secuestrado Israelíes, a los que continúan torturando-. Netanyahu se vería obligado a reconocer al Estado palestino si este entrega a los terroristas de Hamas y renuncia a la violencia. Entonces, Israel tendría que aceptar lo que aceptó en 1948: la partición en dos Estados. Los que no aceptaron esos dos Estado fueron los palestinos. Desde entonces, la cosa ha evolucionado así: La Autoridad Nacional Palestina aceptó la existencia de Estado de Israel mientras Hamas insiste en matar a todos los judíos, igualito que Hitler.