Jornada contra el autoritarismo. La marea anti-Trump recorre Occidente, precisamente el Occidente cristiano. Al final, va a resultar que el bueno es el mayor tirano del mundo Xi Jinping y los ayatolás, y el malo Donald Trump: ¿se ha vuelto loco Occidente? Un poco sí. ¿Europa ha perdido su identidad y vaga por el mundo como un fantasma de la historia? Me temo que sí.  

Mientras, el régimen fanático de Teherán sólo anhela que China entre en guerra contra Occidente. Así tendría la guerra mundial que busca

Lo cierto es que, guste o no el personaje, el presidente de EEUU ha devuelto los principios cristianos a la política mundial, mientras la degenerada Europa dilapida la civilización cristiana nacida en Jerusalén y desarrollada por Atenas y Roma. Ahora bien, Trump no debe luchar por el estrecho de Ormuz sino por la liberación de los iraníes, ni debe permitir que Israel arrase el Líbano y una a los dos pueblos, el invasor y el invadido -o sea, al invasor musulmán con el invadido cristiano- frente al enemigo común judío. Eso es lo que está consiguiendo Hezbolá y eso es lo que hay que evitar. 

Y Trump también debe impedir que Netanyahu atente en Tierra Santa contra la libertad religiosa de los cristianos. ¿Para esto ha iniciado una guerra el Ejército norteamericano, el único que defiende unos principios cristianos? Impedir la Misa del Domingo de Ramos en el monte Calvario -que no otra cosa es la Iglesia del Santo Sepulcro- es como para romper con Netanyahu ya mismo. 

Mientras el régimen fanático de Teherán sólo anhela algo: que China entre en guerra contra Occidente. Es el momento idóneo piensan los chiflados de los ayatolás. Y los comunistas chinos que sólo tienen un dios -Mammón, el dinero- si se ven privados de energía fósil, a lo mejor lo hacen.

Otrosí: ¿pactar con el Gobierno de Teherán para que el petróleo pase por Ormuz? Entonces, ¿para qué iniciaste esta guerra, Donald? El cristianismo no se guía por la eficacia, sino por la justicia. Esta guerra no se justifica por conseguir el libre paso por el Estrecho de Ormuz -ya estaba abierto antes de empezar los bombardeos- sino por la liberación del pueblo iraní del yugo del fanatismo chiíta que sufren desde hace 48 años. 

¿Pactar con el Gobierno de Teherán para que el petróleo pase por Ormuz? Entonces, ¿para qué iniciaste esta guerra, Donald?

Y lo más preocupante es la indiferencia general para acabar con el liberticidio de Irán y de otras muchas tiranía del planeta. Un mundo donde no importa lo que es justo o injusto, solo sobrevivir, está llamado a la autodestrucción.

Por tanto, ¡Que viva Donald Trump! Es verdad que su carácter atrabiliario produce rechazo en Europa, pero no olvidemos que la justicia está con Donald: Europa se ha convertido en una excrecencia de su gloriosa historia como forjador de la civilización cristiana, la única civilización posible.

Y lo más preocupante es la indiferencia general. Un mundo donde no importa lo que es justo o injusto, solo sobrevivir, está llamado a la autodestrucción

Ahora bien, Trump debe recuperar el sentido de la justicia en esta guerra -es decir, liberar a los iraníes- en lugar de jugar a ser el vencedor de una guerra sólo a medias ganada. 

La Casa Blanca necesita un Gobierno para Irán que libere a los iraníes o habrá perdido todo lo conseguido, no sólo en el Pérsico sino también en, por ejemplo, Venezuela.

Así que, por el momento, ¡que viva Trump!