En esta crónica semanal sobre Hispanoamérica, recogemos noticias destacadas ocurridas en la región compuesta por países hermanados en la Hispanidad (que tienen en común su fe cristiana, su cultura y su lengua y cuya patrona es la Virgen del Pilar) y tratando de defender los principios no negociables -vida, familia, libertad de enseñanza, bien común y libertad religiosa- establecidos por el Papa Benedicto XVI para una acción política basada en el humanismo cristiano.
Esta semana empezamos en la República Dominicana, donde el nuevo Código Penal --aprobado en agosto de 2025-- mantiene la prohibición total del aborto y no permite abortar bajo ninguna de las tres causales habituales en otros países: riesgo para la vida de la madre, inviabilidad del feto y embarazos resultantes de violación o incesto.
Aun así, el arzobispo coadjutor de Santo Domingo, Mons. Carlos Tomás Morel Diplán, en la misa que presidió por la festividad de la Anunciación del Señor y el Día del Niño por Nacer en República Dominicana, señaló: “No podemos cansarnos de defender la vida, porque es un don de Dios”. “No somos dueños de la vida de nadie. Dios es el autor de ese don maravilloso”, recoge Aciprensa.
El arzobispo pidió “por las mujeres embarazadas, para que den la oportunidad a esa criatura que Dios les ha regalado. Que permitan nacer a esos niños y niñas que están en el vientre de tantas madres, conscientes del compromiso de cuidar ese don de Dios”.
Nuestro siguiente destino es Nicaragua, donde los nicaragüenses vienen padeciendo la dictadura izquierdista de Daniel Ortega desde que este se hiciese con el poder, en enero de 2007 (aunque anteriormente presidió un mandato presidencial entre 1985 y 1990).
Según el último informe sobre libertad religiosa 2025 de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), en Nicaragua, “durante el período estudiado en este informe, se intensificó la hostilidad del Gobierno hacia las Iglesias, violando gravemente el derecho fundamental a la libertad religiosa. La persecución se manifestó en detenciones arbitrarias, exilios, destierros, expulsiones, privación de la nacionalidad, profanación de ritos y símbolos religiosos, prohibición de celebraciones religiosas públicas y cientos de casos de revocación del estatus jurídico. Además, la reforma constitucional y la nueva legislación han dotado al régimen de los medios para ejercer un control total sobre las entidades religiosas. Las organizaciones internacionales consideran que Nicaragua es uno de los países con los niveles más altos de persecución religiosa. Las perspectivas para el futuro de este derecho fundamental siguen siendo profundamente preocupantes”.
En ese contexto, la dictadura de Ortega ha prohibido las procesiones por Cuaresma y Semana Santa —incluso el uso de la pólvora y los fuegos artificiales—, por lo que los cristianos las viven “en las catacumbas de los hogares y el corazón noble de los creyentes”, indica el sacerdote exiliado Edwing Román a Aciprensa.
Martha Patricia Molina, investigadora y autora del informe ‘Nicaragua: Una Iglesia perseguida’, explica a ACI Prensa que “al menos cuatro diócesis no tienen autorizado celebrar Misa Crismal”.
Por su parte, un sacerdote exiliado explica que “la Iglesia ha sabido vivir su fe en medio de tantas persecuciones. No se acomoda, sino que se adapta. No se ha llegado a cerrar ninguna iglesia hasta el momento, sí hay acecho de la policía y es permanente, pero los templos se mantienen abiertos y tomando sus precauciones”.
Otro cura en el exilio relata al mismo medio: “Gracias a Dios, y a pesar de todas las restricciones en Nicaragua, la Iglesia no se cansa y no se rinde”. “A pesar de todo, sigue buscando las formas de reinventarse y hacer lo que tiene que hacer”. “Llegan a este tipo de manipulación y control”, se quejó, pero la Iglesia Católica “busca las maneras de seguir animando a los fieles que siguen en Nicaragua, que no pueden salir de Nicaragua o que están bajo el régimen asfixiándose cada vez más pero siguen ahí. Y la Iglesia está animando y reinventándose”.