En Nicaragua, los nicaragüenses vienen padeciendo la dictadura izquierdista de Daniel Ortega desde que este se hiciese con el poder, en enero de 2007 (aunque anteriormente presidió un mandato presidencial entre 1985 y 1990).

Según el último informe sobre libertad religiosa 2025 de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), en Nicaragua, “durante el período estudiado en este informe, se intensificó la hostilidad del Gobierno hacia las Iglesias, violando gravemente el derecho fundamental a la libertad religiosa. La persecución se manifestó en detenciones arbitrarias, exilios, destierros, expulsiones, privación de la nacionalidad, profanación de ritos y símbolos religiosos, prohibición de celebraciones religiosas públicas y cientos de casos de revocación del estatus jurídico. Además, la reforma constitucional y la nueva legislación han dotado al régimen de los medios para ejercer un control total sobre las entidades religiosas. Las organizaciones internacionales consideran que Nicaragua es uno de los países con los niveles más altos de persecución religiosa. Las perspectivas para el futuro de este derecho fundamental siguen siendo profundamente preocupantes”. 

El pasado 21 de enero, la dictadura de Daniel Ortega y su mujer Rosario Murillo prohibió las misiones pastorales de la Diócesis de León y ordenó a los curas: “Hagan sus cosas adentro” y quédense en “sus parroquias”. 

De hecho, según denuncia Martha Patricia Molina, investigadora nicaragüense en el exilio y autora del informe 'Nicaragua: Una Iglesia perseguida', "la situación ha empeorado”. En declaraciones a Aciprensa, Molina cuenta que “la dictadura ha mandado a la policía en ocasiones a sacar de las actividades religiosas o de las misas a los presbíteros para amenazarlos, no les importa que estos se encuentren celebrando Misa”.

Por su parte, Félix Maradiaga, presidente de la Fundación para la Libertad de Nicaragua, alertó también en Aciprensa de que la dictadura “ya no se limita a hostigar a líderes religiosos o cancelar procesiones, sino que ahora busca silenciar la fe en la vida cotidiana y castigar toda expresión espiritual que no controle”. 
 
En ese contexto, el pasado 30 de enero, el Departamento de Estado de EEUU -dirigido por Marco Rubio- publicó este  post en X: “Hace un año, Rosario Murillo inventó una ‘Copresidencia’ para consolidar su control ilegítimo sobre Nicaragua: sin elecciones, sin mandato, sin legitimidad. El poder basado en la represión y la manipulación constitucional no es la voluntad del pueblo”. “Cobardemente, ha negado a los nicaragüenses el derecho al voto democrático porque sabe que no puede ganar”. 

Según publica 'Divergentes', la Administración Trump ve a la esposa de Ortega, Rosario Murillo, como la verdadera líder del país: “Entienden al régimen con una dictadura dinástica, pero se señala que Murillo encabeza actualmente el esquema de poder, acompañada de ‘un nuevo círculo de poder’ directamente leal a ella… e incluso ya tienen un nuevo organigrama de ese entramado”, explican fuentes a este medio. 

Por su parte, la congresista cubanoestadounidense María Elvira Salazar, recientemente -aludiendo a la libertad religiosa- dijo que Murillo es “el mismo demonio”. “Este es un mensaje muy claro, que ahora voy a transmitir específicamente a Rosario Murillo, que es el mismo demonio y por eso está guiando a su marido para que no permita que este tipo de actividades ocurran en el territorio nicaragüense”. 

Por el momento, la política de EEUU hacia Nicaragua se concreta en la presión diplomática, sanciones (a funcionarios del régimen de Ortega por abusos a los derechos humanos) y medidas económicas (aranceles).