Irán ha roto el alto el fuego porque Israel sigue atacando Líbano. Naturalmente, el reino de los ayatolás adopta, como siempre, la forma del chantaje: no puedo vencer a Occidente en el frente de batalla pero puedo cerrar Ormuz.
Al tiempo, JD Vance, vicepresidente de los Estados Unidos, quien había pasado a un segundo plano con la guerra de Irán, emerge, ahora que la estrella de Trump se difumina. Lo hace de dos formas. Por una parte, ha vuelto a recordar -menos mal- que la justificación para iniciar esta guerra -que aunque sea ilegal debe y puede ser justa- era liberar a los iraníes, acabar con la fatídica República Islámica de Irán, una de las tiranías más fanatizadas y criminales del planeta, que lleva 47 años de existencia... por eso es tan difícil acabar con ella.
Por otra parte, Vance se fue a Hungría a apoyar a Víctor Orban, uno de los pocos líderes que recuerda a la antigua Europa cristiana y al que, por tanto, Bruselas califica de ultra.
En su apoyo a Orban, Vance, en contra del tópico que recorre el continente, en una entrevista cuasi periodística, abierta, aseguró que Europa es la fundadora de Estados Unidos, que comparte los mismos principios... lo que ocurre es que el fundador de Occidente -esa misma Europa- parece haber renunciado a ellos. Se refiere Vance, obviamente, a los principios cristianos de Occidente. No es una ruptura con Europa, es recordarle a Europa lo de Juan Pablo II: Europa, sé tú misma.
Dicen que Vance será el sustituto de Donald Trump. Es posible, no lo sé. Lo que sí sé es que Vance es quien mejor puede sostener en el tiempo el gran logro de Trump: volver a introducir los principios cristianos -si prefiere valores cristianos, lo acepto- en la república, en la cosa pública.
En todo caso: Trump no habrá fracasado si la guerra acaba en tablas. Habrá fracasado si no logra la libertad para los iraníes... esos señores que en un mes de represión de los ayatolás han sufrido muchas más bajas que en un mes de bombardeos de israelíes y norteamericanos.