Se supone que Catar es uno de los países árabes pro-europeos. Pero lo cierto es que los cataríes han apoyado, no ya al pueblo palestino, sino a los palestinos radicales de Hamas. 

De hecho, los terroristas de Hamas no podrían refugiarse en Arabia, en Emiratos o en Kuwait: en Catar sí. No obstante, Doha ha sido sede de las negociaciones de paz entre judíos y palestinos.

Y entonces todo este entramado salta por los aires cuando Israel bombardea Catar, esta misma tarde del martes 9 de septiembre, una ataque "selectivo" sobre la cúpula de Hamas allí refugiada. Seguro que es cierto, pero cuando bombardeas corres el peligro de matar a tu enemigo y a un montón de inocentes.

 

En cualquier caso, la guerra de Tierra Santa ha dado un salto cualitativo peligroso, asciende un peligroso escalón con todos los países árabes sunitas vueltos contra Israel -los chiítas, con cabecera en Irán, ya lo estaban- y, ciertamente, Israel ha atacado a un país casi vecino que no le había atacado. A lo mejor el ataque es justo, a lo mejor Catar ocultaba a la cúpula de Hamas pero no deja de ser un paso extraordinariamente peligroso.