A pesar de que es común entre los republicanos estadounidenses el rechazo palmario al islamismo radical, que tiene en el régimen iraní uno de sus principales patrocinadores a escala mundial, la gran reflexión viene por el debate interno en el seno del trumpismo, que supone la corriente hegemónica absoluta en el Partido Republicano actual.

Probablemente el gran riesgo para el presidente Trump sea, si en un futuro más o menos lejano, opta por desplegar tropas estadounidenses en el terreno, algo que sin duda sería más complicado de aceptar para la ciudadanía estadounidense, y muy particularmente para su propio electorado, que siempre se ha mostrado crítico con las intervenciones militares en el exterior orquestadas por presidentes tanto republicanos neocon como George W. Bush, como demócratas como Barack Obama. La sombra del fracaso de la intervención militar en países como Iraq, Afganistán o Libia sigue acechando.

Quizás la mejor síntesis la ha efectuado el senador republicano por Wisconsin, Ron Johnson, reconocido trumpista y una de las voces más autorizadas de la formación conservadora en los últimos años, especialmente en materia de política exterior y seguridad nacional, que ha indicado así sobre la operación en Irán:”No está exento de riesgos ni hay garantías de éxito, pero es una oportunidad para mejorar la geopolítica… por eso debo apoyar al presidente en esta difícil tesitura”.

Por otro lado, no se aprecia en el electorado una especial desafección acerca de la intervención militar contra el régimen fanático islámico de Irán, o al menos el rechazo es menor del esperado. De acuerdo con la media de sondeos que elabora Real Clear Politics, el porcentaje de estadounidenses que rechaza la operación supera ligeramente al que la apoya, un 48% frente a un 43%.

El presidente Trump se ha apuntado un tanto, por cuanto el Senado ha bloqueado una resolución que habría restringido los poderes presidenciales de cara a la guerra en Irán. Así, en una votación de 53 a 47, la moción ha sido rechazada. Sorprende que las dos senadoras republicanas progresistas antitrumpistas, Lisa Murkowski de Alaska y Susan Collins de Maine, que habitualmente suelen votar contra el criterio del presidente Trump han unido su voto al de sus colegas republicanos para obstaculizar la iniciativa para torpedear las facultades de la Casa Blanca.

Además, los demócratas no han logrado la unanimidad interna para sacar adelante la propuesta, por cuanto el senador John Fetterman de Pensilvania ha votado con los conservadores. En el flanco republicano, el único que ha unido su voto a los demócratas ha sido el senador por Kentucky Rand Paul. Paul, es hijo de Ron Paul, quien durante más de dos décadas representó a Texas en la Cámara Baja, fue candidato en las primarias presidenciales republicanas de 2008 y 2012, y durante toda su carrera fue el gran defensor del movimiento libertario. Su hijo Rand fue uno de los principales impulsores del Tea Party y es el heredero de la ideología libertaria de su padre. Siempre ha sido un reconocido trumpista y defensor de los valores cristianos, sin embargo, durante toda su carrera se ha erigido en un convencido aislacionista en politica exterior, con lo que su posicionamiento puntual en este menester con los demócratas no es un voto contra Trump sino un ejercicio de coherencia política.