Lo de la tarde-noche del miércoles 4 acabó en sainete. Sánchez comenzó ese día con una declaración solemne, solemnísima, en la que declaraba el 'No a la guerra'. Ya saben, quien centra el debate gana el debate aunque se haya centrado en una estupidez, en una tautología: sólo los necios quieren la guerra. Ahora bien, eso no agota la cuestión, ni tan siquiera la inicia.

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La portavoz de la Casa Blanca, Caroline Leavitt aseguraba horas después de Sánchez, que España había decidido cooperar con Estados Unidos en el ataque a Irán. El ministro de Exteriores españoles, el dulce Albares corrió hacia una cámara de TV para negarlo.

 

 

Es cosa de mucha risa, tanto por parte estadounidenses como por parte española.

Eso sí, ganar la guerra conlleva acabar con Hezbolá en el Líbano, con los hutíes en el Mar Rojo y tomar la ribera iraní del Estrecho de Ormuz. Pero, sobre todo, conlleva unir a la oposición iraní bajo un sólo Gobierno democrático.

Nos estamos jugando la III Guerra mundial, así que vamos con los hechos importantes:

Estados Unidos ha decidido intensificar el ataque a Irán y acabar con el Régimen de los Ayatolás. Llevan cinco días de guerra y el hombre del Pentágono, Pete Hegseth, aseguraba que el ataque no ha hecho más que empezar y que se alargaba el periodo de bombardeos hasta terminar con los ayatolás hasta entre cinco y ocho semanas. En definitiva, ni un paso atrás hasta la rendición de los ayatolás.

Esto es, una postura tan buena como arriesgada. Buena porque si Occiente pelea con la teocracia islámica hay que apoyar a Occidente que es cristiano y la tierra de la libertad, son los buenos. Ahora bien, el peligro de una guerra global, la III Guerra Mundial, es evidente.

El Gobierno del sainete, policía bueno y policía malo: Sánchez y Albares se chulean ante la Casa Blanca mientras Margarita Robles suplica al embajador norteamericano en Madrid que no nos entregue a Marruecos

En el entretanto, ni Washington ni Bruselas perdonarán la 'traición' de Pedro Sánchez. Ningún país europeo ha hecho algo parecido, y le está dando la razón a Podemos, que ya es dar: si prohibe usted que los norteamericanos utilicen las bases de Morón y Rota, lo que tiene que hacer es expulsar a los americanos de Morón y de Rota, claro que eso no sería un feo a Washignton: sería un feo a la OTAN.

Y de cara a China y los BRICS, la España de Sánchez queda en la posición de tonto útil. Un país que fue grande colonizado hoy por las marcas chinas, que han castrado la pendiente reindustrialización de España.

Volviendo a Washington... Ganar la guerra conlleva acabar con Hezbolá en el Líbano, con los hutíes en el Mar Rojo y tomar la ribera iraní del Estrecho de Ormuz. Pero, sobre todo, conlleva unir a la oposición iraní bajo un sólo Gobierno democrático. Porque no creo que en Irán haya ninguna Delcy. Y en eso no sé si alguien tan inteligente -sí, inteligente- como Donald Trump ha reparado lo suficiente. 

Y del socio-comunismo español, ¿qué decir? Estamos ante el Gobierno del sainete, policía bueno y policía malo: Sánchez y Albares se chulean ante la Casa Blanca mientras Margarita Robles suplica al embajador norteamericano en Madrid que no nos entregue a Marruecos. 

¡Patético!