En un país como Estados Unidos, donde los términos socialista y comunista eran considerados como despectivos, e incluso los progresistas se cuidaban mucho de no asociarse con tales etiquetas, la evolución del Partido Demócrata hacia la extrema izquierda es un hecho, tal y como hemos contado en Hispanidad.

Así, el influyente sector más radical del partido liderado por el octogenario senador por Vermont y candidato en las primarias presidenciales demócrata de 2016 y 2020, Bernie Sanders, y por la joven congresista neoyorquina, Alexandria Ocasio Cortez, cada día goza de más influencia en el partido. La prueba está en el amplio abanico de candidatos radicales que están llevándose el gato al agua en numerosas primarias demócratas.

Y esa tendencia la confirman los sondeos, así un estudio de la CNN confirma que ya una tercera parte de las bases demócratas se define como socialista. Entre ellos, el 59% por ciento tiene menos de 45 años, y entre sus nexos comunes están sus opiniones negativas hacia el Estado de Israel y los republicanos. Sin duda, un inquietante caldo de cultivo para promover líderes poco proclives a la defensa de los valores occidentales, en un momento donde los demócratas no logran promover un candidato de unidad para las presidenciales de 2028.

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A ello se añade que en los últimos tiempos, se ha dado el singular fenómeno en un país donde la población musulmana es inferior a la de muchos países europeos, y dentro de ese grupo de demócratas socialistas, un relevante número es de religión musulmana, como es el caso del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani; las congresistas Ilhan Omar y Rashida Tlaib; o Abdul El-Sayed, el favorito en las primarias demócratas para el decisivo escaño al Senado por Michigan.