En esta crónica semanal sobre Hispanoamérica, recogemos noticias destacadas ocurridas en la región compuesta por países hermanados en la Hispanidad (que tienen en común su fe cristiana, su cultura y su lengua y cuya patrona es la Virgen del Pilar) y tratando de defender los principios no negociables -vida, familia, libertad de enseñanza, bien común y libertad religiosa- establecidos por el Papa Benedicto XVI para una acción política basada en el humanismo cristiano.
Esta semana empezamos en EEUU, país también hispano en gran medida, donde el pasado 23 de enero tenía lugar la Marcha por la Vida 2026. Ese día, el himno nacional fue interpretado por un coro formado por personas con síndrome de Down, de entre 13 y 42 años, un momento que emocionó a los espectadores, recogió Aciprensa.
A choir of adults with Down syndrome lead the rally in a heartfelt national anthem @March_for_Life pic.twitter.com/7ZPTcor8Kv
— Lauretta Brown (@LaurettaBrown6) January 23, 2026
El acto se celebró en Washington D.C. y el coro se llama Friends of Club 21 (Amigos del Club 21), fundado en Colorado en 2014.
Jeanne Chicon, cuya hija Nicole es miembro del coro, dijo: “Son un regalo tan hermoso de Dios —concluyó— y cada uno de ellos es tan especial y da tanto de sí mismo, y tiene un profundo aprecio por la vida”.
"Es realmente emocionante", declaró uno de los artistas, Garrett Colmer, al National Catholic Register. "Nos encanta estar aquí”.
El director ejecutivo del coro, Jared Anderson, explicó: “Los estudiantes entendieron que estaban siendo observados”. “A muchos les cambió la vida”.
En EEUU, según algunas estimaciones, son abortados alrededor del 80% de los niños con síndrome de Down. Por lo que este acto sirvió para reivindicar el derecho a la vida de estas personas y de cualquiera otra que venga con algún tipo de discapacidad, pues todas ellas tienen la misma dignidad humana que las personas sin discapacidad. Y porque todo el mundo tiene derecho a la vida.
El aborto atenta contra la ley natural porque todo el mundo puede saber con su sola razón que matar a un niño en el vientre de su madre es un asesinato. Y la ley natural, inserta en la conciencia de cada hombre, pide que ese niño siga viviendo.
Nos vamos a Nicaragua, donde los nicaragüenses vienen padeciendo la dictadura izquierdista de Daniel Ortega desde que este se hiciese con el poder, en enero de 2007 (aunque anteriormente presidió un mandato presidencial entre 1985 y 1990).
Según el último informe sobre libertad religiosa 2025 de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), en Nicaragua, “durante el período estudiado en este informe, se intensificó la hostilidad del Gobierno hacia las Iglesias, violando gravemente el derecho fundamental a la libertad religiosa. La persecución se manifestó en detenciones arbitrarias, exilios, destierros, expulsiones, privación de la nacionalidad, profanación de ritos y símbolos religiosos, prohibición de celebraciones religiosas públicas y cientos de casos de revocación del estatus jurídico. Además, la reforma constitucional y la nueva legislación han dotado al régimen de los medios para ejercer un control total sobre las entidades religiosas. Las organizaciones internacionales consideran que Nicaragua es uno de los países con los niveles más altos de persecución religiosa. Las perspectivas para el futuro de este derecho fundamental siguen siendo profundamente preocupantes”.
En ese contexto, la dictadura ha prohibido las tradicionales visitas pastorales “puerta a puerta” y la proclamación pública del Evangelio y ha ordenado al clero de la Diócesis de León quedarse dentro de sus parroquias. «Hagan su trabajo dentro», les ordenó la tiranía comunista, recoge Infocatólica.
Frente a la dictadura de Ortega y de su mujer Rosario Murillo, el exiliado obispo Auxiliar de Managua, Mons. Silvio Báez, afirmó durante la homilía de la Misa que presidió en la Iglesia Santa Agatha de Miami, Florida (Estados Unidos): “No es la hora de callar ni de desanimarnos”, recogió Aciprensa.
El obispo, exiliado desde 2019 por haber criticado la dictadura de Nicaragua, prosiguió: "En muchos de nuestros países vivimos momentos de incertidumbre y experiencias dolorosas de poderes arbitrarios que amenazan, reprimen y encarcelan. No es la hora de callar ni de desanimarnos”. “El tiempo de hablar para iluminar la oscuridad del momento, alimentar la esperanza del pueblo y denunciar las estructuras opresivas que han prevalecido hasta ahora, pero que están a punto de desaparecer”.
"Los problemas y obstáculos son oportunidades para descubrir nueva fuerza oculta en nuestro interior. Asumir los desafíos sin desanimarnos ni quebrarnos, esto nos fortalece y nos lleva a encontrar siempre soluciones creativas”, continuó.
Báez destacó que “Jesús nos enseña que cuando todo parece detenerse, es el momento perfecto para recalibrar nuestra brújula interior y ser dóciles a los caminos de Dios, mirar con esperanza el futuro y seguir adelante”.