Las mayores infamias siempre aprovechan causas nobles. Acabar con la muerte violenta, por armas o por hambre, de los niños gazaríes, los únicos inocentes del paisaje de la Franja, es una causa noble. Que esa paz hay que conseguirla mediante la constitución de un Estado sin antes neutralizaa al grupo terrorista que lo propone, es una injusticia de grueso calibre, en primer lugar, con sus víctimas. Y no lo olviden: no hay paz sin justicia.
El objetivo de Israel no son los niños gazaríes sino sus padres, algunos de ellos, al menos, los terroristas de Hamas que les utilizan como escudo. Y como no pueden llegar hasta los asesinos porque utilizan a los niños como escudos, han decidido destruir la ciudad de Gaza que es la única manera de acabar con los terroristas que se esconden cobardemente bajo tierra, en los túneles de una ciudad llena de túneles. Así que el primer responsable de las muertes de niños gazaríes no es el Ejército israelí: es Hamas.
Lo que me asombra de la guerra en la Franja es que los gazaríes no se rebelen contra la tiranía asesina de Hamas
Y si Hamas quisiera terminar con la guerra lo tiene claro: que devuelva a los rehenes y que deje de matar, que entregue las armas. ¿Por qué la población gazarí no le obliga a ello?
La Francia del inmoral Emmanuel Macron se unió ayer lunes, al coro de países que piden la declaración del Estado palestino. Ocurrió durante la Asamblea general de ese organismo hueco en el que se ha convertido Naciones Unidas, la misma que en 1948 se convirtiera en una de las grandes realizaciones del mundo contemporáneo y hoy ha pasado a ser un tristísimo portavoz del Nuevo Orden Mundial (NOM), furibundamente anticristiano.
Y ojo, ni Reino Unido, ni Austria, ni Canadá, ni Francia, ni, por supuesto, España, ha exigido, para reconocer al Estado palestino, que antes Hamas renuncie a la violencia y libere a los rehenes, civiles israelíes, a los que secuestró -y raptó, que hubo violencia sexual- hace ahora casi dos años. Ni tan siquiera le han exigido eso.
Y todo esto significa algo muy sencillo: que la decadencia de Europa, y con ella del conjunto de Occidente, se acentúa: Macron reconoce al Estado palestino sin que éste renuncie a la violencia.
Sánchez: "En nombre de la dignidad humana paremos esta matanza. ¿En nombre de la dignidad humana? ¿Qué dignidad? ¿La dignidad del terrorismo?
Pedro Sánchez, por su parte, ha encontrado en el terrorismo de Hamas su tabla de salvación en España, donde toda fiesta termina hoy con el cántico de "Sánchez, hijo de fruta". Y lo está aprovechando a fondo hasta beber las heces del cáliz.
En cualquier caso, lo que me asombra de la guerra en la Franja es que los gazaríes no se rebelen contra la tiranía asesina de Hamas. Aseguran estar desesperados, pero no he oído ni algo parecido a una petición de que, al menos, Hamas devuelva a los rehenes israelíes.
Sánchez grita: "En nombre de la dignidad humana paremos esta matanza". ¿En nombre de la dignidad humana? ¿Qué dignidad, la dignidad terrorista? Naturalmente, don Pedro no puede decir "en nombre de Dios", porque don Pedro es ateo practicante... y el ateísmo es una religión muy dura. Pero que conste que la dignidad del hombre procede de su condición de hijo de Dios.