Hace un año una mujer se quedó embarazada en Texas, Estados Unidos. Cuando le comunicó a su pareja que estaba embarazada, el hombre, identificado como Justin Anthony Banta, trató de que abortara. Es más, le ofreció cubrir él mismo los gastos del aborto. Pero la mujer, consciente de que lo que tenía en su vientre era un ser humano, le dijo que quería continuar con su embarazo.
La mujer acudió a realizarse una ecografía, donde los médicos le dijeron que su bebé estaba perfectamente. Más tarde, quedó con Banta en una cafetería donde compartieron unos refrescos. A los pocos días la mujer comenzó a sentir dolores extraños y se desató una hemorragia. Cuando acudió a urgencias le confirmaron que estaba sufriendo un aborto por ingerir la píldora conocida como Plan C.
Fue entonces cuando la mujer acusó a Banta de haberle puesto la pastilla en su bebida. Tras meses de inestigación, Banta ha sido acusado formalmente de asesinato. Las autoridades que han llevado dicha investigación aseguran que se habrían eliminado del teléfono del acusado "pruebas cruciales" para el caso, sobre todo para conectar al sospechoso con la administración sin consentimiento del fármaco.
El acusado se enfrenta a cargos por asesinato y por manipulación de pruebas físicas. El aborto es un asesinato porque la vida humana comienza con la fecundación, y si tenemos esto claro, lo que ha hecho Banto es un asesinato.