El Año Nuevo chino ha vuelto a ser un espejo de la mayor tiranía del mundo, la totalitaria china comunista de Xi Jinping. 

El tema elegido, cómo no, ha sido el trashumanismo, es decir, el hombre-máquina, más la máquina del hombre que el hombre creador de la máquina. A Xi le es igual; con tal de que sea él quien controle la palanca de la máquina más poderosa, la máquina jefe...

 

 

Viene esto a continuación de aquella magnífica conversación entre Vladimir Putin y nuestro amigo Xi, para explicarnos a todos que ellos aspiraban a ser eternos, porque el hombre ya estaba preparado para vivir 200 años... y esto sólo era el principio. 

La misma reunión en la que el amigo Xi dijo aquello de que "la humanidad tendrá que elegir entre la paz y la guerra". Podría parecer una admonición para la paz pero lo cierto es que pronunció la sentencia tras enseñarnos sus misiles nucleares. Ergo, lo que quería decir era: rendíos sin oponer resistencia a mi poder u os aniquilo.

Además, China siguen siendo, hoy más que ayer, el comunismo sangriento de siempre, el de la Cristofobia obsesiva que sólo conoce un Dios: Mammón, el dinero y el poder, poder para obtener dinero y dinero para obtener poder.

Pues es a este grandísimo miserable, uno de nuestros peores ciudadanos y el mayor totalitario del planeta, al que Europa rinde pleitesía, porque el malo es Donald Trump.

Xi Jinping aspira a convertirse en el mayor tirano de la historia mientras un estúpido Occidente, con Pedro Sánchez en posición adelantada, se empeña en alabarle como el futuro de la humanidad.