Como hemos visto, esta Semana Santa ha sido muy distinta para los miembros de la Familia Real, unos en ruta por España, otros en Sevilla y el 'núcleo duro' en Madrid.
Felipe VI sigue humillando a su padre, sin dejarle volver en las condiciones que el emérito pide, vaya a ser que Pedro Sánchez le retire el saludo. Sin apariciones públicas conjuntas y, cuanto más separados, mejor.
Dejando a un lado la relación de su Majestad con su padre, nos centramos en la Semana Santa de la Familia Real estricta, ahora formada por cuatro miembros. Las tradiciones más que perdidas, se han eliminado directamente.
Desde la infanta Pilar de Borbón o la infanta Margarita, hermanas del rey Juan Carlos I, pasando por la infanta Elena, la infanta Cristina y la reina doña Sofía, han mantenido la vinculación de la Casa Real con el Cristo de los Alabarderos, que procesiona desde el Palacio Real. Ahora, ni Felipe, ni Letizia ni ninguna de sus hijas, es decir, ninguno de los cuatro, pasa ni por la Catedral Castrense ni por el Palacio Real.
Esta es la España que muchos queremos: orgullo de país, de himno, de tradiciones y de bandera. 🇪🇸
— Muy.Mona/🇪🇸💚 (@Capitana_espana) April 5, 2026
Que les den a los zurdos 🙃
Viva el Rey Juan Carlos I 🥳❤️ pic.twitter.com/kH4mYTj50W
Y de la misa del Domingo de Resurrección en la Catedral de Palma de Mallorca, mejor ni hablar. En 2020 y 2021 tuvo que interrumpirse por la pandemia, lo que los Reyes aprovecharon para cargarse la tradición. En 2022 fueron a un centro de acogida de refugiados ucranianos, en 2023 a la Pasión Viviente de Chinchón, en 2024 se les vio en una procesión en la calle Alcalá y este año en Carabanchel.
Primero, el mensaje es claro, mejor no verles en una misa, la gente podría asustarse. Además, doña Letizia ni se santigua, y segundo, ellos, los cuatro, están con el pueblo. Los Reyes, acompañados de sus hijas, aparecieron en la procesión del Silencio, pero nada de un acto religioso, todo muy ateo, muy cultural, muy centrado y muy populista. La fórmula de Valencia les funcionó a las mil maravillas, mientras el Galgo de Paiporta corría despavorido, Felipe y Letizia aguantaron, con barro en la cara, se les percibía el sufrimiento con las víctimas y los abrazos y eso gustó a los españoles, sin duda, uno de los grandes picos de popularidad del matrimonio. Ahora repiten fórmula, pero con guión, en Carabanchel, mientras otros, como Doña Sofía, se van a un palco a ver procesiones y el emérito a Sevilla a una corrida de toros. El caso es que la fórmula ha caído en populismo y empieza a notarse.