El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha desaparecido en Navidad. Tranquilos, no se ha ido a Túnez como hizo el huido Bettino Craxi, un nombre cada días más repetido en Internet.
No, Sánchez ha huido de la primera línea de la actualidad política, del BOE y del Parlamento, donde siempre aparece, bien como fracasado, bien como perdedor (como buen ególatra, lo segundo lo lleva peor que lo primero). Sin embargo, Sánchez brilla, cada día más, en sus denostadas redes sociales, la de los bulos y el fango, las de el periodismo ciudadano, entre las que TikTok se ha convertido en su favorita.
Podrá interpretarse esta tendencia del 'doctor Sanchez' como un acceso de frivolidad o como una estrategia, porque cuando las grandes mentiras ya no cuelan, cuando el político ha perdido todo el crédito, hay que ensayar nuevas personalidades: pasamos del estadista al tuitero (no se enfaden, hay tuiteros o 'equisólogos' con mucho talento) y, si fuera el caso, se enseña el Palacio de La Moncloa, donde yo vivo desde hace siete años y medio, a unos españoles que buscan, a veces desesperadamente 'soluciones habitacionales', aunque sea una habitación con derecho a cocina.
Sánchez juega a órdago: ya no le importa ni tan siquiera que le rechacen en su propio partido, el PSOE; ya no le interesa ser popular, ahora sólo busca mantener el poder... entendido como capacidad para infligir daño
En resumen, los españoles sufrimos la larga agonía del Sanchismo, protagonizada por un señor que no abandona el poder porque... no sabe hacer otra cosa.
Además, su futuro está ligado al de un segundo personaje: el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Por de pronto, nos enfrentamos a un horizonte penal para 2026: imputación de Zapatero... unida a la más que probable imputación de Sánchez.
Ahora bien, hablamos de un personaje que vive en la adoración a sí mismo. Por tanto, no le resulta de buen gusto contemplarse cada día más impopular, tener que comprar fidelidades y votos con salarios públicos y subvenciones públicas. eAhora mismo, el presidente del Gobierno juega a órdago: ya no le importa ni tan siquiera que le rechacen en su propio partido, el PSOE, ya no le interesa ser popular, ahora sólo busca mantener el poder, entendido como capacidad para infligir daño: No me améis, prefiero que me temáis.
Además, todavía tiene armas: la primera, RTVE.
Presagios para este 2026: Zapatero tendrá que responder ante los tribunales de sus andanzas en Venezuela y de su relación comercial con la china Huawei, relación penada tanto en Washington como en Bruselas y en Moncloa le aplauden: nuevo contrato de Adif con Huawei. Lo dicho: a órdago y con el mayor descaro.
ZP tendrá que responder ante los tribunales de sus andanzas en Venezuela y de su relación comercial con la china Huawei, relación penada tanto en Washington como en Bruselas... ¡pero en Moncloa le aplauden! nuevo contrato de Adif con Huawei. Lo dicho: a órdago
Pero la etapa final será la propia imputación del propio Sánchez, unida a la rebelión de la propia familia socialista. Esta debió aparecer hace ya tiempo y su despertar actual es muy lent. A lo mejor habrá que adornarla con una idea del Rey Emérito Juan Carlos I: intentar una moción de censura contra Sánchez en la que Felipe González fuerce el 'sacrificio' de cinco diputados del PSOE que voten sí a un moción de censura contra Pedro Sánchez.
PEro, por el momento, Sánchez está más o menos tranquilo: sabe que el actual jefe del Estado carece de agallas para vehicular esa sanísima conspiración.