El comunismo, más aún desde la caída del Muro, siempre hace lo mismo: destruir la libertad en nombre de la libertad. Desde la caída del Muro, cuando el comunismo se convirtió en neo-comunismo, o renuncia a la revolución del proletariado y de llegar al poder por medios de las urnas... para luego hacer la revolución desde arriba, el comunismo se ha llenado la boca de democracia, aquel concepto que tanto despreció en el pasado y ha cambiado la lucha de clases por un capitalismo cristófobo.
Con el rasgo cristófobo es cuando el comunismo se convirtió en progresismo, en puro odio a Cristo, que antes era cristianofobia, odio a la Iglesia. Lo de capitalismo viene porque se logró convencer a muchos de que lo público es lo bueno y lo privado es lo malo y de que la lucha es entre lo público y lo privado, cuando la lucha siempre ha estado entre lo grande y lo pequeño... sea público o privado.
En todo caso, Sánchez ha vuelto a engañar, y con éxito, al pueblo español con el "No a la guerra" ,que el pasado fin de semana, ha vuelto a llenar las calles de distintas ciudades españolas. Bueno, llenar no, pero el mismo hecho de que está tautología del "No a la guerra" (¿Es que a alguien puede gustarle la guerra?) vuelva a enardecer a algunas personas para salir a la calle, oiga, es que algo muy grave está pasando: a descomposición española es más fuerte de lo que imaginábamos.
España está reviviendo 1931. Esperemos que no reviva 1936.