Con el calor abusamos del aire acondicionado y las neveras. En ellas conservamos no solo alimentos y bebidas sino también objetos variopintos. El frigorífico ha dejado de ser la guarida exclusiva de los yogures y los embutidos para convertirse en la caja fuerte, el taller de costura y el escondite de ansiedades secretas y de los misterios más insólitos de la vida moderna.
Hemos llegado a ver en el interior del frigo: pilas, medicamentos, cremas solares, fajos de billetes en papel aluminio, cartas, joyas, vaqueros, leotardos de nylon, carretes de fotos, esmaltes de uñas, velas de cera, prendas de piel, etc. y otros ítems que desbordan la imaginación.
Hay además frigoríficos en la escena política que encubren todo tipo de secretos, esqueletos y maquinaciones para acabar con los adversarios que no salen a la luz. No porque el electrodoméstico no esté en la cocina o se haya quedado sin electricidad sino porque la puerta se abre o cierra con mucha discreción por conveniencia táctica.
Uno de los secretos mejor guardados tiene que ver con el llamado “Epstein español”, un sujeto de ficción aparente que en honor al genuino americano gestó también una red de contactos tras presuntamente aprovechar la extorsión a figuras relevantes de todo tipo en saunas de prostitución con menores y el registro contable de una primera dama de honor.
Está todo tan guardado y congelado que costará que se derrita a tiempo. Parece una película de Spielberg pero sus implicados podrían ser los aupadores del fundraising a la carrera política de un sujeto sin escrúpulos. Tan graves tienen que ser las imágenes grabadas que servicios secretos de varios países se han interesado por obtener una copia y hacer uso “apropiado”. Otros con poco disimulo y bajo el disfraz de consorte pasivo se han encargado de crear cátedra en la materia para sus potenciales seguidores (followers) tras pasar por caja.
Las neveras repletas de fotogramas, hologramas, papeles reservados y píxeles no son solo cosa de las temperaturas mediterráneas. Hay ocasiones que de ser objeto de extorsión política y empresarial para uso doméstico -pero con la sonrisita en la boca mientras apuntan con la pistola-, acaban siendo motivo de chantaje geopolítico.
Poca investigación hay sobre el asunto y mucho empeño en el silencio que guardar. Hay que presumir que políticos, empresarios y “celebrities” de todo signo ideológico están en el ajo. Los “enemigos” piratas gradúan la coacción para obtener pingües concesiones. Primero una sencilla, suave y a medida, graduando las demandas y el rescate para que no salga a la luz todo hasta que asfixia y deja sin respiración a la “víctima”.
Nuestro “Epstein español” no sabemos si es autor, víctima, cómplice o extorsionado. No atina con tanto cambio de postura en cada coyuntura. Pero da pistas de muchas de nuestras crisis en el país y el desinterés por tomar cartas en los asuntos graves del Estado, pese a que cancillerías y agregados de inteligencia extranjeros están enterados de las transcripciones y de las imágenes grabadas. Se entiende el desprecio y el ostracismo hacia el país, por acción u omisión de un patriota enamorado que se aferra al amor de sí mismo.
Tantas concesiones al enemigo -por no haber comido a su hora- sin nada a cambio son suficientemente pestilentes para reafirmar las sospechas. Tampoco se comprende que fuerzas políticas se abstengan de mover ficha sin aprovechar su networking internacional para destapar tanto secretismo.
No es la primera vez que España guarda secreto y conserva en el frigo hazañas heroicas de escarceos, tramas, bacanales y compra de voluntades. Las neveras del país, como ciertas alhajas, se conservan en los despachos y están llenas de secretos de Estado. Recordemos que la autoridad suprema gozaba de plena impunidad mientras los actores protagonistas y figurantes de entonces entendían mal la democracia.
Hoy día se repite la misma parálisis astigmática por falta de deontología y falso patriotismo hasta el punto que el congelador se ha vuelto a llenar de hielo imposible de derretir. Cabe preguntarse si los usuarios con derecho a conservar (la democracia) hemos de tolerar tanto despropósito, insolencia y extorsión. Algún poder tendremos en la mano que no empleamos convenientemente. En caso extremo, se podría desenchufar el aparato sea combi, americano o multipuerta.
Pero parece que nos atemoriza resetear las desvergüenzas prefiriendo tolerar tanta zafiedad en torno a delitos, tráfico sexual, pedofilia, prostitución de menores con éxtasis de la beautiful people y figuras relevantes de la actualidad informativa. Se entiende pues que no todos quieran salir del armario ni de la nevera, ni tampoco en los telediarios teledirigidos.
Al menos el caso Epstein genuino es lo que se investiga en la Corte de los EEUU. En España por contra, con el control de la Fiscalía, jueces, CNI, policías y medios no sorprende la inhibición interesada que siguen la consigna del “Don't disturb” (No molesten). La única esperanza, que lo aireen los servicios de inteligencia extranjeros, que ciertos partidos hagan valer sus influencias de todo tipo y que quien pueda contribuya a sacar a la luz los enigmas más reservados. El extorsionador vuelto extorsionado o viceversa no puede quedar impune en medio de tanta opereta. O sí, en este Estado descompuesto, lo suyo sería remover del frigo todas aquellas cosas para cocinar pero nada para comer.