El anuncio de regularización de 500.000 inmigrantes por parte del Gobierno de Pedro Sánchez ha disparado el conocido como efecto llamada. Es decir, que las rutas habituales de entrada de inmigrantes ilegales ya no sólo son Canarias y Baleares sino que ahora se unen los magrebíes, los más peligrosos, que han decidido venirse desde el Reino Unido o Francia a una España permisiva, que no exige nada, ni tan siquiera un mínimo esfuerzo de integración para residir en el país. 

Pero la propaganda monclovita ha vuelto a funcionar de maravilla. Se nos presenta en RTVE a gente honrada que trabaja de sol a sol. Pero eso no va a ser el grueso de los irregulares. También ha entrado mucha gentuza. ¿Tenemos que ayudar a la gentuza? Sí, pero no dejarnos masacrar por la gentuza. 

Insistimos: toda emigración es mala. El hombre debe vivir donde nace, desarrollarse donde tiene sus raíces y a los suyos. Viajar por educación, cultura o turismo está bien pero de forma transitoria

Para entenderos, el efecto llamada de Sánchez ya produce sus 'frutos'. Podemos negarlo pero sólo nos estaremos haciendo trampas en el solitario.

Las nuevas corrientes migratorias llegan, no sólo por el Mediterráneo y el Atlántico, sino también desde Europa. Los principales beneficiarios son Francia e Italia y los que nutren esa inmigración indeseable, Marruecos y Argelia.

Lo que el mundo rico debe hacer es ayudar al mundo pobre a desarrollarse no a que vengan al mundo rico donde, encima se considerarán unos extraños

Pues habrá que insistir: toda emigración es mala. El hombre debe vivir donde nace, desarrollarse donde tiene sus raíces y donde tiene a los suyos. Viajar por educación, cultura o turismo está bien, pero de forma transitoria. Viajar huyendo de la miseria es un error; lo que hay que hacer es salir de la miseria.

Lo que el mundo rico debe hacer es ayudar al mundo pobre a desarrollarse no a que vengan al mundo rico donde, encima se considerarán unos extraños.

La multiculturalidad es mala, la Iglesia se equivoca. ¿Hay que atender a quien llega hambriento? Sí, hay que atenderle ...y exigirle que se integre. Por de pronto, que aprenda hablar en español

La multiculturalidad es mala e incluso algunos obispos se equivocan en este punto. ¿Hay que atender a quien llega hambriento? Sí, hay que atenderle ...y exigirle que se integre. Por de pronto, que aprenda hablar en español. Pero que conste que esto debe ser una excepción, no una regla.