A pesar de su inoperancia parlamentaria, el partido de Santiago Abascal no deja de subir en las encuestas, también entre los jóvenes. Es una de esas tendencias que, independientemente de sus vaivenes, se consolida al alza. Vox ya representa una amenaza para el PP, porque se supone que comparten espacio político, pero también una amenaza para el PSOE. Ahora sí que empiezo a creer que algún votante socialista se esté planteando votar a Vox.

La derecha pagana y, sobre todo la izquierda, no entienden por qué los jóvenes se pasan a Vox. Es una ceguera curiosa, quizás debida a que los progresistas son incapaces de analizarse a sí mismos y contemplar la grandísima estafa en que se han convertido. Sin embargo, desde fuera, esa impostura salta a simple vista y la estupidez progre aún más: supone un atentado contra el sentido común, con su carga de feminismo, trans, gender, woke y otras majaderías. Teorías que se repiten ante las cámaras pero por las que nadie daría un euro en la vida real. 

Ahora bien, la evolución ideológica de Vox, precisamente por su éxito, resulta peligrosa. El alma azul nacionalista del partido se está imponiendo al alma cristiana y sobre su tendencia liberal, entendiendo por liberal, no el relativismo filosófico que pasó de moda con el nuevo siglo, sino la defensa de la propiedad privada sin la que no puede darse ninguna mejora económica real. 

Así, la lucha contra la inmigración se ha convertido en el único argumento de Vox. Por supuesto, otra vez la majadería de la izquierda, sólo un ciego puede dejar de ver lo que ve todos los días un español sin prejuicios: que el buenismo ni ayuda a los españoles ni a los recién llegados... y claro, Vox sube en las encuestas. 

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Ahora bien, me preocupa que Vox se convierta en un partido nacionalista y poco más, porque si prescinde de la antropología cristiana, así como de la defensa de la propiedad privada pequeña, ¿qué le queda? Mucho me temo que si se conforma con su nacionalismo, puede evolucionar, de verdad, hacia el fascismo, es decir, a la adoración de la nación. Y eso sería el final de Vox.

Me dicen que algunos de sus dirigentes aseguran que no se debe hablar del derecho a la vida porque el aborto no vende: ese es el peligro.