Consejo de Ministros del martes 20 de enero. Salen a escena la portavoz, Elma Saiz y el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, un personaje que como se decía de Zapatero nació con un flor en el culo. 

Justo cuando su sectarismo había derrumbado la buena imagen con la que llegó al Gobierno, justo cuando acumulaba reprobaciones parlamentarias... Pedro Sánchez resume toda la acción de su Gobierno en el "aquí no dimite nadie, no vaya a ser que tenga que dimitir yo". Y don Fernando no dimite.

Resulta que en el Consejo de ministros de hoy, al parecer sólo se habló del accidente ferroviario de Córdoba y tanto Saiz como Marlaska recurrieron al habitual estilo sanchista del rigor como enemigo de la verdad y de la retórica vacía de dialéctica: Marlaska nos suelta un pliego interminable donde dice la verdad, nada más que la verdad pero no toda la verdad. O sea, que miente sobre el accidente ferroviario.

Con 42 muertos, por el momento, y un balance de 150 heridos, escuchar al ministro Fernando Grande-Marlaska cantar las excelencias sobre lo bien que lo ha hecho el Gobierno, provoca unas poquitas náuseas.

Además, aprovecha don Fernando que el Pisuerga pasa por Valladolid para recordar a la ciudadania sin cortarse un pelo, dos cosas: que todo lo que no diga el gobierno es 'fake' y que dudar sobre la imparcialidad de los investigadores del Gobierno es propio de ultras: españoles, ¿acaso no confiáis en el gobierno o qué?

 

Y naturalmente todo el mundo a tragar, dos días después de la muerte de 42 personas en dos trenes, que el transporte ferroviario español es robusto y seguro, con una inversión importantísima, con el mantenimiento -lo más discutido- inmejorable, con una renovación de trenes 10 veces superior a la que se produjo con el PP. Oiga, se enfada don Fernando: nadie puede tener ninguna duda sobre la seguridad de la alta velocidad española. Naturalmente, naturalmente.

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En todo caso, que quede claro que yo no he sido.