Sr. Director:

Las duras descalificaciones del presidente Trump contra su paisano el primer Papa norteamericano León XIV son una clara evidencia de arrogancia y pedantería; una clara demostración de lo que es capaz un presidente prepotente y que recaen sobre su propia persona política. Que el Presidente Trump considere que el Papa es un rival suyo, es fruto de una arrogancia irresponsable.

El Papa como sucesor de San Pedro, es también jefe del Estado del Vaticano y puede y debe dar su opinión sobre los graves problemas que afectan no solo a los fieles católicos sino a todos los hombres de buena voluntad. Y eso es justamente lo que está cuestionando en su viaje actual en Argelia, donde ha denunciado proféticamente los males que las guerra están causando a los habitantes de Gaza, el Líbano, Ucrania y otros países. El Papa hace un llamamiento  a la paz, apelando al espíritu de las Bienaventuranzas, por las que son felices e hijos de Dios, que luchan por la paz.

La respuesta más pacífica y prudente a las descalificaciones de Trump contra el Papa León ha sido la del Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, quien ha lamentado las palabras dirigidas en las últimos horas por Trump hacia el Papa León. El Pontífice es un profeta de la paz, como lo está declarando en todos los momentos. Así se pudo comprobar el pasado sábado en la Vigilia  Mundial por la Paz: la palabra que más repitió el mismo Jesús en las apariciones a sus discípulos a quienes incrédulos y miedosos  siempre les fortalecía con la Paz. En estos tiempos crueles y belicosos marcados por conflictos y la tensión internacional, la voz del Papa León es la más exigente en defensa de la paz siempre y en todas las partes, algo que no entiende el belicoso Trump. Como ha denunciado con dolor y preocupación el arzobispo norteamericano Paul Coakley, Presidente del Episcopado de EEUU: “Me entristece que el presidente haya optado por escribir palabras tan despectivas sobre el Santo Padre. Es Vicario de Cristo que habla desde la verdad de Evangelio y por el cuidado de las almas.