El pasado sábado 14 de febrero se celebrábamos san Valentín pero también una segunda celebración litúrgica: la de los hermanos Cirilo y Metodio, evangelizadores de los pueblos eslavos y creadores del alfabeto cirílico. Dos ytipos que en el siglo IX convirtieron a un pueblo pagano y analfabeto, por millares, y de postre inventaron el idioma ruso y algún otro. Estos católicos fanáticos sacan tiempo para todo. De postre también, se celebra en Munich la Conferencia de Seguridad.
Pues bien, Cirilo y Metodio sólo aplicaron el sentido común a aquello bárbaros: se dieron cuenta de que son los principios comunes y no las estrategias ni los intereses comerciales los que forman las naciones, entre otras cosas porque no he visto nadie dar su vida por un interés comercial, por mucho que esté el dinero en juego.
Sin embargo, en la Conferencia de Seguridad de Munich veíamos una discusión tirando a absurda entre los líderes europeos y el secretario de Estado de Defensa USA, Marco Rubio: no nos quitará nuestros valores, aseguraban Macron, mientras Rubio aclaraba que no pretendía hacerlo.
El concepto de moda en la Conferencia es el Nuevo Orden Mundial, que según la progresía internacional, es decir, el Nuevo Orden Mundial actual, pretende imponer Donald Trump. Es más, eso se oye decir a los líderes europeos, los que están en crisis.
Pero lo cierto es que Donald Trump no quiere imponer un nuevo orden sino volver al orden anterior en el que la civilización cristiana europea se enfrentaba a las tiranías liberticidas orientales y no se había empeñado en desligarse de su naturaleza, de su origen cristiano. Trump no quiere arramblar con los valores europeos, quiere recuperarlos, no quiere imponer sus valores a los europeos, quiere que los europeos recuperen sus valores cristianos.