Sr. Director:
El trabajo es una realidad que nos envuelve a todos y de la que depende el bien propio y el de la comunidad. Mientras que todos nos lamentamos de la muerte de dos docenas de personas, ocurrida en un viaje de tren de alta velocidad - trenes de lujo-, junto con el dolor y la oración, viene la reflexión.
Evoco la frase que leí en un libro formativo de mis alumnos, atribuida a San Josemaría: señala que el trabajo lo debemos realizar “por amor a Dios, con espíritu de servicio a los hombres y con calidad humana”. Como profesora, me pareció muy interesante y la he guardado en mi memoria (he conocido, también, a gente del Opus Dei, y he visto que, en general, lo tienen como divisa).
Trabajar con la mayor perfección de que se es capaz, conduce a la santidad, al crecimiento personal y redunda en el bien común. Mientras que la obra bien hecha produce satisfacción en quien la realiza, la mal hecha o imperfecta puede traer consecuencias muy negativas para su autor, y hacer daño a aquellos a quienes va dirigida. Por eso, es tan importante la labor del educador: el maestro no sólo enseña conocimientos, sino que, con sus palabras y ejemplos, debe formar a sus alumnos en el sentido de la responsabilidad.
¿Y en el campo de la sanidad? Del trabajo concienzudo y responsable de los sanitarios, se deriva el bienestar de tantos... ¿Y en el mundo del obrero? En sus manos estamos todos. ¿Y en el trabajo de gobernantes y políticos? Es asombroso el bien que de él se deriva si piensan con rectitud y obran con conciencia, y el mal que siembran si lo que les guía no es la vocación y el sentido del deber. Dios nos pedirá cuentas, a cada uno, de nuestras obras y premiará las bien hechas por amor a Él ycon afán de servicio.