En Davos, Donald Trump se ha comportado como un pensador tan profundo como bocazas, tan brillante como vanidoso: el estilo es el hombre.
Le llamamos loco, pero lo cierto es que el presidente norteamericano ha hablado de reducir el sector público, enemigo de la libertad, y eso es ir al meollo de la cuestión social y política actual, pero como es un bocazas asegura que él solito, en 12 meses, ha mejorado, bajo ese principio, no sólo la economía norteamericana sino la economía mundial: Donald, eres un bocazas.
Brillante y vanidoso: brillante porque, aunque a los europeos nos fastidie reconocerlo, lo cierto es que Europa habla mientras Estados Unidos hace. Y claro, así, no sólo es que la burocratizada Europa no avance sino que retrasa el avance de Estados Unidos mientras la repugnante tiranía china coloniza Europa e Hispanoamérica.
Hasta ahí el Donald brillante aunque vanidoso y ligeramente insufrible cuando asegura que hará cambiar a Europa, por las buenas o por las malas. En primer lugar, no puede, no tiene tanto poder, ni de lejos. En segundo lugar se gana más con miel que con hiel.
Profundo y brillante, vanidoso y bocazas, espléndido fondo con una forma cargante. Ese es Trump.
Ahora bien, la reacción europea, por ejemplo la española o la francesa, no puede ser más cretina. En primer lugar porque, en el fondo, Europa no tiene razón pero, en segundo lugar, porque esa es una reacción adolescente. Tanto es así, que la obsesión progre-europea contra Trump hace que los progres europeos se estén volviendo... ¡hacia China!
Es decir, como Donald Trump me cae antipático, me someto al buitre de Xi Jinping. ¿Nos hemos vuelto chiflados o qué? ¿Es que no nos hemos dado cuenta de que Europa ha perdido el sentido de la realidad y se comporta como el Gran Hermano que se guía por principios absolutamente absurdos por salvajadas y barbaridades tales como la ideología de género y con un peso del Estado que oprime la individuo, esto es, con lo grande, gobiernos y empresas grandes, aplastando a lo pequeño, individuos, familias o empresas pequeñas? Pues eso es lo que denuncia Trump, y hace bien en denunciarlo.
Dicho esto, ¿que luego quiere Groenlandia? Pues se le dice que no, se trasladan tropas europeas a la isla helada y en paz: que Trump militarice Groenlandia a través de la OTAN. Y si no, pues que se rompa la OTAN y que los europeos aprendamos a defendernos por nosotros mismos. Además, conviene tener claro el estilo Trump de negociación. Hoy te dice que va a invadir Groenlandia con los marines y, cunado ya provoca alarma en el interlocutor, rebaja las exigencias a un acuerdo con la OTAN.
Lo mismo ocurre con la Junta de Paz que pretende sustituya a Naciones Unidas, aprovechando el conflicto de Gaza. Se trata de otra puesta en escena pero ojo, el fondo es formidable: es la única forma de que se muestre la degeneración de Naciones Unidas, un organismo nacido para la paz que ha degenerado a grandes zancadas y que no sirve sino para extender la aberración anti-cristiana por todo el planeta.
Trump sabe que no va a servir para nada que la ONU recapacite, así que decide crear una nueva ONU: es la única forma de que la verdadera ONU… recapacite. Me temo que el organismo que lidera Antonio Guterres, fiel jenízaro del Nuevo Orden mUndial (NOM) no recapacitará pero, al menos, tendrá que afrontar un debate sobre la utilidad de la ONU… y de su propio cargo.