Lo cuenta, y lo cuenta muy bien, Friday Fax.
La costarricense Rebeca Grynspan es la candidata de Antonio Guterres, que se despide de Naciones Unidas, como un verdadero ultra de izquierdas y un entusiasta de la ideología de género.
Pero mucho peor es que doña Rebeca sea la candidata de George Soros y sobre todo de su heredero, Alex Soros, aunque más extremista y enloquecido que su padre. Esto ya da pistas.
Rebeca sería la sucesora de otro ultraprogre: Antonio Guterres. Estados Unidos ya ha dicho que quiere un administrador, no un activista, al frente de Naciones Unidas
Por partes: la costarricense es una abortera, partidaria de la transexualidad y de la ideología de género: una joya. Enfrente, tiene a la representante de Guyana (antigua Guayana inglesa), Carolyn Rodrigues-Birkett, más normalita. También se la considera una defensora de la mujer pero no nos sirve: a la ideología de género la mujer le importa un pimiento. De lo que se ocupa es del aborto, el lesbianismo y la identidad sexual, es decir, la transexualidad.
Es decir, que Carolyn ya no nos sirve, necesitamos a la vocinglera Rebeca.
Y cuidado: porque doña Rebeca sería la sucesora de otro ultraprogre: Antonio Guterres, que ha convertido la ONU en una especie de ONG progre-radical, entusiasta del mercado de la muerte y de homologar al Occidente democrático con las dictaduras del Tercer Mundo, enfrentada a la democracia norteamericana y defensora de la tiranía china.
El cambio en la ONU se produce justo cuando avanza el proyecto del peligroso Tedros Adhanom, director general de la OMS, de llevar el aborto hasta el mismísimo nacimiento. Es decir, la implantación del infanticidio, en nombre de la salud
A todo esto, Estados Unidos ya ha dicho que quiere un administrador, no un activista, al frente de Naciones Unidas. Porque esa es otra. El secretario general de Naciones Unidas debe ser, ante todo, un árbitro, no un hooligan gamberro.
Un detalle a tener en cuenta: El cambio en la ONU se produce justo cuando avanza el proyecto del peligroso Tedros Adhanom, director general de la OMS, de llevar el aborto hasta el mismísimo nacimiento. Es decir, la implantación del infanticidio... en nombre de la salud, naturalmente.