Caso real: una mujer rompe aguas y se presenta en un importante centro hospitalario de una importante ciudad española para dar a luz. Le dicen que le atenderán en el parto pero que como no tienen habitación tendrá que irse en cuanto dé a luz. Hablo de un hospital de la Seguridad Social. Alguien se presta a buscarle otra maternidad pública pero no encuentra ninguna: todo cubierto.
Al final, la señora desesperada se va a un hospital privado, de Quirón -sí, el malvado Quirón-, donde le atienden muy bien y da a luz sin ningún problema, pagando, naturalmente.
El debate sobre la sanidad parte de una premisa: la sanidad pública es muy buena, pues no, es muy mala. Y con ministras como Mónica García, será cada día peor.
Sin embargo, el tópico continúa: la sanidad pública es la buena.
Mire usted a una señora que va a dar a luz no se le niega una habitación y si es caso se utilizan los pasillos. Por otra parte, si hay algo previsible es la demografía.
No es el momento -¿o sí?- de entrar en el problema de fondo: que la sanidad se ha deshumanizado, que muchos médicos y enfermeras han perdido su vocación, que al Gobierno, que es el que aporta los fondos, y doña Mónica García nos explica que aportan mucho y que de ninguna manera hay colapso sanitario. Y te lo tienes que creer.
La sanidad pública funciona muy mal pero nadie se atreve a defender la sanidad privada.
Solución: el cheque sanitario, al igual que el cheque escolar, que cada ciudadano disponga de un dinero, aportado por el Estado, para elegir el médico y el hospital donde quiere ser atendido.