Si no fuera para llorar reiríamos con ganas.

La última de la política española: Junts se alía con PP y Vox y consiguen aprobar una moción para que Pedro Sánchez dimita, que no va admitir, y para que presente una moción de confianza, cosa que no hará. Por cierto, PNV, el de las grandes amenazas, no votó a favor y los proetarras de Bildu, convertido en el gran aliado del Sanchismo, tampoco.

Pero sí es cierto que Pedro Sánchez cada día está más solo. Los que le rodeaban están en prisión o en el banquillo y ya ni los medios más leales pueden sonrojarse cuando el presidente del gobierno asegura que el PSOE es el partido superlimpio, ajeno a toda corrupción y que si ha habido corruptos les ha expulsado sin miramientos y que, aun cuando figuraran pegaditos a Pedro Sánchez, el presidente no sabía nada de nada. Y si lo hubiera sabido... no lo hubiera consentido.

En suma, el presidente pretende hacernos comulgar con piedras de molino y ya no cuela ni entre sus seguidores más fervorosos. 

Y es que Sánchez está cada vez más solo... en España y fuera de España. En Europa se han cansado de sus trampas, tanto estadísticas como migratorias o monetarias (sí, hablo de los fondos europeos). En América, del norte y del sur, han descubierto que este tipo no es de fiar y hasta los palestinos han descubierto que este tío habla mucho y hace poco.

Además, los escándalos nos han hecho más que empezar y han adquirido un tamaño que hasta los jueces ideológicamente próximo puede evitar dar salida a las acusaciones que se acumulan sobre la mesa. Acusaciones que aún no han llegado hasta la persona de Pedro Sánchez pero estamos en ello.